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1794 Words
El Entrenamiento La noche había caído sobre el palacio y las últimas luces del atardecer apenas se filtraban a través de las cortinas de la sala privada, creando una atmósfera íntima y tranquila. En la habitación donde Kaelion había preparado el espacio para el entrenamiento, el aire estaba cargado de expectación, como si el mismo ambiente supiera que algo importante estaba a punto de suceder. La sala estaba adornada con una simplicidad austera, lejos de la grandiosidad de otras estancias del palacio, pero era espaciosa. Al fondo, una gran ventana ofrecía una vista al jardín del palacio, donde las luces suaves de las linternas creaban sombras danzantes. El suelo estaba cubierto con alfombras gruesas y al frente, en una esquina, Kaelion había colocado una mesa con varios cálices de agua y algunos libros antiguos sobre el poder de Nerias, esperando que fueran útiles durante la práctica. Leocadia entró al salón, ya en su vestimenta más cómoda, un conjunto sencillo pero elegante que le permitía moverse con facilidad. Sus pasos eran firmes, pero su rostro mostraba una mezcla de incertidumbre y resolución. Kaelion, que ya estaba allí, se encontraba frente a una pequeña mesa de madera, observando unos papeles. Al verla entrar, levantó la vista y su mirada se encontró con la suya. - ¿Estás lista? - preguntó con voz baja, aunque su tono reflejaba la seriedad del momento. El entrenamiento no sería fácil y ambos lo sabían. Leocadia asintió, dando un paso adelante hacia él, notando la ligera tensión en su cuerpo. La experiencia de ese poder recién despertado seguía siendo nueva para ella y la idea de entrenarlo le resultaba intimidante. Sin embargo, confiaba en Kaelion, en su determinación y en su capacidad para enseñarle a controlar lo que parecía un poder salvaje e incontrolable. - Sí. - respondió ella, su voz firme, aunque el nerviosismo era evidente en sus ojos. Luego, agregó con una sonrisa ligera - No estoy segura de lo que se supone que haga, pero supongo que aprenderé a medida que avancemos. Te seguiré. Kaelion sonrió levemente, apreciando su disposición y caminó hacia el centro de la sala. - Lo primero que debemos hacer, - dijo, mientras la observaba atentamente - es comprender la naturaleza de tu poder. Este poder que has despertado no es solo un don; es una fuerza natural, antigua, conectada con Nerias, el dios de la sanación. Necesitamos entender cómo lo sientes dentro de ti. Leocadia se acercó lentamente, intentando seguir su mirada. Kaelion no la presionó; sabía que la paciencia era clave en esta clase de entrenamiento. - Cierra los ojos y respira profundamente. - indicó él suavemente. - Quiero que sientas la energía dentro de ti, como si fuese parte de tu cuerpo. Podrías sentirla como agua caliente o fría, siente de donde nace o está más concentrada, como se mueve a través de tu cuerpo. Puede que sea difícil al principio, pero intenta sentirla, sin controlarla aún. Trata de hacer un mapa de ruta de ella. Leocadia cerró los ojos con lentitud, haciendo lo que le pedía, sintiendo el aire fresco de la noche entrar en sus pulmones. Mientras lo hacía, se concentró en su interior, en la sensación que había tenido cuando había usado su poder en el templo. Recordó la calidez que había irradiado de su cuerpo, la fuerza que había emanado de sus manos, la sensación de algo divino tocando su alma. Poco a poco, comenzó a sentir una leve vibración en su pecho, una corriente cálida, como una llama encendida que se extendía por su cuerpo. Podía sentirla en sus manos, en sus brazos, como si el poder de Nerias estuviera despertando en cada poro de su piel. - Lo estás sintiendo. - dijo Kaelion, observando cómo su rostro comenzaba a relajarse, a medida que se sumergía en el proceso - Es importante que reconozcas esa energía sin querer controlarla aún. No la rechaces ni intentes alejarla, solo acepta que está dentro de ti. Leocadia asintió, concentrándose aún más en esa sensación. Era como un calor suave que envolvía su ser, pero que tenía el poder de abrumarla si no lo dominaba. - Bien. - continuó Kaelion, caminando alrededor de ella con movimientos tranquilos, pero seguros - Ahora, quiero que extiendas tus manos, como si quisieras tocar algo muy lejano. Imagina que el poder fluye hacia tus dedos, pero no lo forzarás. Solo déjalo salir de manera natural, como si fuera una extensión de tu cuerpo para tocar algo que está lejos de ti. Leocadia extendió lentamente sus manos frente a ella. Al principio, nada sucedió y, por un momento, ella pensó que no lo lograría, pero, de repente, sintió el poder de Nerias comenzando a vibrar más fuerte en sus manos. La sensación era tan intensa que casi la dejó sin aliento. Su respiración se aceleró ligeramente, pero Kaelion estaba allí, observándola en silencio, esperando a que continuara. - Deja que fluya, pero sin controlarlo aún. Solo déjalo ir. Lo primero que necesitas es conocerlo. - dijo él en un susurro bajo - Es parte de ti. Como las yemas de tus dedos o el sudor en tus brazos después de estar al sol. Leocadia comenzó a sentir que el poder se movía en sus palmas, como una corriente eléctrica, suave, pero poderosa. Un leve resplandor comenzó a emanar de sus manos, iluminando la sala con un brillo etéreo. - Bien. - dijo Kaelion, acercándose a ella con una mirada satisfecha - Lo tienes, cariño. Ahora, lo siguiente es aprender sentirlo y llamarlo a voluntad, a canalizarlo cuando sea necesario. El poder no debe desbordarse sin un propósito. Es como perder algo valioso…que no debes dejar ir. Un regalo, un tesoro. Leocadia cerró los ojos con una expresión de concentración. Sintió cómo la energía seguía fluyendo, pero esta vez, en lugar de dejarla ir libremente, hizo el esfuerzo de concentrarla, de dirigirla. Fue un esfuerzo que la hizo sentir como si estuviera equilibrando una cuerda floja, pero poco a poco, logró apaciguarlo, sintiendo cómo la energía volvía a su interior. Kaelion observó en silencio, admirando su capacidad de concentración, aunque también se dio cuenta de la intensidad del entrenamiento. Esto no solo era una cuestión de poder, sino también de equilibrio emocional. - Lo has hecho bien. - dijo Kaelion al final, su voz suave, pero llena de orgullo - Pero esto es solo el principio. Debes seguir entrenando y aprendiendo a controlar lo que llevas dentro, para que nunca se convierta en algo incontrolable. Leocadia abrió los ojos, exhausta, pero con una sensación de logro en su pecho. Sabía que el camino por recorrer aún era largo, pero sentía que este entrenamiento, esta unión con Kaelion en su esfuerzo por ayudarla, era solo el primer paso hacia un poder más controlado, hacia una confianza más profunda. - Lo haré. Gracias por enseñarme. - dijo con una sonrisa cansada, pero decidida. Kaelion le devolvió la sonrisa, sabiendo que no solo había aprendido algo sobre su poder, sino también sobre ella misma. Dama de Honor El emperador se encontraba en el pasillo del palacio, aún con la sensación de satisfacción por el progreso de Leocadia en el entrenamiento. Mientras caminaba en dirección al salón principal, se cruzó con Dorian, quien llevaba en la mano unos documentos y acompañado de la dama de honor de Leocadia, Lady Eveline, quien se había presentado esa mañana. Lady Eveline era una joven elegante, de cabellera rojiza y ojos verdes, conocida por su discreción y seriedad. Era la hija de un vizconde de las afueras, pero había asistido a la academia y tenía excelentes referencias. Había sido elegida por Leocadia y, aunque su papel era formalmente el de asistente personal, también había sabido ganarse el respeto de las altas esferas del palacio por su pragmatismo y su capacidad para manejar las situaciones más complejas con serenidad a pesar de la oposición de algunas familias nobles que veían el puesto de dama de honor como un puesto de poder y acceso a la emperatriz. Kaelion se detuvo al verlos y Dorian, al notar su presencia, esbozó una ligera sonrisa antes de hablar. - Ah, Majestad, ella es Lady Eveline Ricard. - comentó Dorian, su tono de voz sugerente y con un atisbo de humor en su mirada. Parecía que había comprendido lo que estaba pasando entre Kaelion y Leocadia con el entrenamiento y la evolución de su relación. Lady Eveline asintió con una pequeña sonrisa. Era evidente que la dama apreciaba a la emperatriz, aunque su expresión permanecía neutral y profesional. - Saludo al emperador de Celeste, Majestad. - comentó ella, sin añadir demasiados detalles, pero su tono indicaba que compartía la opinión de Dorian. Kaelion observó brevemente a Lady Eveline. Aunque ella no era tan llamativa como otras damas de la corte, su postura segura y tranquila sugería que, a pesar de ser una simple asistente, había logrado comprender perfectamente los movimientos en torno a Leocadia y el impacto de los acontecimientos recientes. - Es bueno saber que el trabajo de todos está dando frutos. - respondió Kaelion, manteniendo su tono sobrio, aunque no pudo evitar sentirse ligeramente impresionado por la eficacia de los miembros cercanos a su esposa. Dorian, como si lo hubiera estado esperando, se acercó un paso más y habló nuevamente, con un brillo en los ojos que reflejaba su eterna curiosidad. - Nunca pensé que vería el día en que la emperatriz se mostrara tan... decidida. No solo por el entrenamiento, sino por cómo ha cambiado la manera en que se enfrenta a los problemas. Estamos orgullosos de ella. Kaelion, ligeramente sorprendido por las palabras de Dorian, mantuvo la mirada fija en su amigo, antes de responder en un tono más firme: - Leocadia ha demostrado que puede ser mucho más de lo que imaginan, Dorian. Y ese poder que ha despertado no solo la ayudará a ella, sino a todos nosotros. Y usted, Lady Eveline, asegúrese de apoyarla en el camino. El camino de la emperatriz es difícil y necesito que todos estén alertos. La dama de honor asintió con la misma expresión seria, demostrando una lealtad silenciosa que ya había quedado más que clara para Kaelion. Dorian, sonriendo con algo de picardía, se despidió de ambos, mientras Kaelion permaneció un momento más en silencio, pensativo. Era evidente que la emperatriz estaba en un proceso de transformación y ahora, más que nunca, Kaelion comprendía cuán crucial sería su apoyo en todo lo que estaba por venir. - Gracias, Lady Eveline. Confío en su discreción acerca del poder de mi esposa. - dijo Kaelion, antes de seguir su camino, ya con una ligera sonrisa en el rostro. - Si, majestad. El emperador sabía que, con aliados como ellos, Leocadia estaría mejor equipada para enfrentar lo que le aguardaba.
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