La música llenaba el gran salón del palacio, una melodía suave, pero elegante que marcaba el inicio de la velada formal. Las parejas comenzaban a desplazarse por la pista, sus movimientos calculados y llenos de gracia, mientras los nobles observaban con curiosidad, siempre buscando el más mínimo detalle para comentar.
En el centro del salón, Kaelion Verithar y Leocadia ocupaban el lugar de honor. Los ojos de todos estaban sobre ellos, pero Kaelion parecía completamente imperturbable. Con una leve inclinación de cabeza, ofreció su mano a Leocadia, quien lo tomó con una seguridad recién descubierta.
- Listos para ser el centro de atención otra vez. - murmuró Kaelion, una sonrisa juguetona curvando sus labios.
- Siempre contigo, - respondió Leocadia, su tono cargado de algo más que simple obediencia.
La pareja comenzó a moverse al ritmo de la música, sus pasos sincronizados con una perfección que parecía casi natural. Kaelion lideraba con fuerza y control, mientras Leocadia lo seguía con gracia, pero pronto quedó claro que ella no planeaba limitarse a seguir.
Cuando el baile tomó un giro más lento, Leocadia se inclinó ligeramente hacia él, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y algo más que Kaelion no pudo descifrar de inmediato. Fue entonces cuando sintió su mano deslizarse, no hacia su hombro, como dictaba el protocolo, sino hacia su nuca. Sus dedos rozaron su piel con suavidad, un toque íntimo y completamente inesperado.
Kaelion se tensó, su respiración atrapada por un momento mientras su mirada buscaba la de Leocadia. ¿Qué estaba haciendo? La pregunta pasó rápidamente por su mente, pero el calor en su nuca y la expresión segura de Leocadia lo desarmaron.
- ¿Qué estás haciendo? - susurró, su voz baja y ligeramente ronca.
Leocadia sonrió, un destello de travesura cruzando su rostro mientras sus dedos trazaban un camino lento hacia su cuello, dejando un rastro de electricidad que lo desconcertó.
- Simplemente... improviso, - respondió, su tono inocente, aunque sus acciones decían lo contrario.
Kaelion parpadeó, intentando recuperar el control de la situación. Pero cuando su mano libre se posó en la parte baja de la espalda de Leocadia, ella aprovechó para acercarse aún más, presionando su cuerpo ligeramente contra el suyo.
La música continuaba, pero Kaelion apenas podía concentrarse en los pasos. Sus sentidos estaban inundados por la cercanía de Leocadia, por el calor de su piel, por la mirada que le lanzaba, cargada de una confianza y sensualidad que no había visto antes.
- ¿Estás jugando conmigo? - murmuró, inclinándose hacia ella para que solo ella pudiera escucharlo.
Leocadia alzó una ceja, su mano ahora jugando con los bordes de su cabello.
- ¿Y si lo estoy?
Kaelion soltó una risa suave, aunque su sonrisa tenía un borde de desconcierto. Nadie lo descolocaba, nunca. Pero ella... ella estaba rompiendo todas sus reglas.
- Entonces deberías saber que no suelo perder, Leocadia.
Ella respondió inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado, su aliento rozando su mejilla.
- No estoy jugando para ganar, Kaelion. Estoy jugando para disfrutar.
El emperador sintió que su mente se vaciaba por un segundo, algo que nunca le ocurría, pero rápidamente, recuperó la compostura, o al menos lo intentó.
- Eres peligrosa, - dijo en un tono más bajo, apretando ligeramente su mano contra la de ella mientras giraban en un movimiento elegante.
Leocadia no respondió, pero su sonrisa se mantuvo, una mezcla de inocencia y desafío que hizo que Kaelion se sintiera al borde de perder el control.
Cuando la música terminó, la sala estalló en aplausos. Kaelion y Leocadia se separaron ligeramente, inclinándose en un gesto de respeto hacia los presentes. Pero cuando sus miradas se encontraron, la chispa que habían compartido durante el baile seguía presente, ardiente e innegable.
Kaelion tomó su mano y la guio hacia un lado, lejos de las miradas curiosas.
- Te estás volviendo demasiado buena en esto. - le susurró mientras se inclinaba hacia ella.
Leocadia lo miró, sin perder la sonrisa.
- Solo estoy aprendiendo del mejor - respondió, dejándolo una vez más sin palabras.