Coordinación
El primer resplandor del sol bañaba el horizonte cuando Kaelion se dirigió al salón privado que había solicitado para la reunión. Aún llevaba el cabello ligeramente húmedo, pero su porte imperial estaba intacto. Su paso era firme y decidido, cada movimiento reflejaba la autoridad que emanaba de él.
Dentro, Rovik, Dorian y los tres caballeros de su escolta personal, Karn, Eron y Darek, ya lo esperaban, de pie en un semicírculo frente a la mesa central. La tensión era palpable y, aunque los hombres intentaban mantener una expresión neutral, la preocupación se filtraba en sus miradas.
Kaelion los observó por un momento, evaluándolos antes de hablar.
- Sé que todos tienen preguntas sobre lo sucedido ayer - empezó, su tono bajo, pero cargado de autoridad - Y se las responderé.
El emperador se acercó a la mesa, apoyando ambas manos sobre la superficie de madera pulida, inclinándose ligeramente hacia ellos.
- Edward Transa está trabajando con Ian Lunia. Fue su alianza la que orquestó la emboscada. Utilizaron magia para crear una ilusión, algo relacionado con Leocadia con el propósito de hacerme bajar la guardia. Y lo lograron - sus palabras se endurecieron al mencionar el nombre de su esposa.
El rostro de Rovik se tensó al instante.
- ¿Magia vinculada a la emperatriz? ¿Cómo obtuvieron algo de ella?
- Es una pregunta que aún no puedo responder con certeza. - replicó Kaelion, enderezándose - Pero lo sabremos. Por ahora, lo importante es entender que esto no fue un simple ataque aislado. Edward y Lunia están conspirando y sus objetivos no son solo personales.
Dorian, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, intervino.
- Lunia ha estado reuniendo exiliados y mercenarios cerca de la frontera norte durante meses. Si Transa está apoyándolo, eso significa recursos, contactos y quizás incluso acceso a los nobles que todavía simpatizan con el primo del emperador.
Kaelion asintió, girando su mirada hacia Karn, Eron y Darek.
- La información es poder y, ellos ya tienen demasiada. Por eso necesito que cada uno de ustedes mantenga esto en la más estricta confidencialidad. No quiero que este asunto se filtre ni que cause pánico en la corte.
- ¿Y cuál será nuestra siguiente acción, Majestad? - preguntó Eron, su voz grave y segura.
Kaelion se tomó un momento para responder, sus ojos resplandeciendo con una intensidad casi abrasadora.
- Primero, reforzaremos la seguridad de la emperatriz. Si ya han intentado usarla contra mí, es probable que lo intenten de nuevo. Rovik, tú te encargarás de seleccionar a un grupo adicional de soldados de confianza para proteger sus aposentos.
Rovik asintió sin dudar.
- Por supuesto, Majestad.
- Eron. - continuó Kaelion, su mirada fija en el caballero - necesito que investigues cualquier rastro de magia que haya sido utilizado en la emboscada. Reúne a los magos que tenemos en la corte y averigua cómo obtuvieron algo de Leocadia.
- Lo haré de inmediato. - respondió Eron con una inclinación de cabeza.
- Karn y Darek, ustedes dos se infiltrarán en los territorios cercanos a la frontera norte. Quiero saber cuántos hombres tiene Lunia, qué recursos están utilizando y si hay algún noble que lo esté financiando.
Los dos caballeros intercambiaron una mirada rápida antes de asentir al unísono.
Kaelion giró hacia Dorian, quien lo observaba con una mezcla de respeto y expectación.
- Tú coordinarás todo desde aquí. Necesito que mantengas la corte en calma mientras nosotros trabajamos. Habrá preguntas sobre el ataque, pero asegúrate de que nadie sospeche la verdadera gravedad de la situación.
Dorian inclinó la cabeza, un destello de aprobación cruzando por sus ojos.
- Entendido, Majestad.
Kaelion dio un paso atrás, cruzando los brazos mientras los miraba a todos.
- Esto no termina aquí. Edward Transa y Lunia han cruzado una línea que no puedo permitir. Pero no los subestimen; son peligrosos y están dispuestos a cualquier cosa para alcanzar sus objetivos.
Los hombres asintieron, cada uno con una expresión de determinación.
Kaelion dejó escapar un suspiro, su mirada endurecida pero cargada de propósito.
- Nosotros también debemos estar dispuestos.
-Majestad…- comenzó a decir Rovik y el emperador se adelantó.
-El poder de Nerias ha despertado en la Emperatriz…Mucha gente lo querrá y debemos protegerla.
-Entendido, majestad.
Y con esas palabras, la reunión terminó, dejando en el aire un sentimiento de inminente confrontación, como una tormenta que se aproxima en el horizonte.
Mientras Kaelion terminaba de delinear sus órdenes, Eron, de pie con los brazos cruzados, alzó la voz con firmeza.
- Majestad, si me permite una sugerencia… debería visitar el templo y hablar con el sumo sacerdote. Si la magia utilizada contra usted proviene de algo vinculado a la emperatriz, puede que allí encuentren respuestas.
Kaelion asintió con un gesto breve, reconociendo el mérito en la propuesta.
- Es una buena idea. El templo podría tener registros o información que no manejamos en la corte. La familia real D’Aurial desciende de Nerias.
Dorian, con su usual calma, añadió con una sonrisa casi imperceptible:
- De hecho, Majestad, es posible que no necesite organizar la visita. La emperatriz ya lo ha hecho por usted.
Kaelion frunció el ceño, sorprendido.
- ¿Qué?
- Su esposa organizó una visita al templo para hoy - continuó Dorian, el tono de orgullo claro en su voz - Está liderando una iniciativa para alimentar a los niños sin hogar.
La expresión del emperador se endureció por un momento, no de molestia, sino de desconcierto.
- ¿Qué ha estado haciendo la emperatriz en mi ausencia?
Rovik y Dorian intercambiaron una mirada cómplice antes de que Rovik, con una sonrisa que rara vez mostraba, respondiera:
- Mucho, Alteza. Leocadia ha estado trabajando sin descanso. Organizó reformas para los mercados locales, supervisó el manejo de los suministros en los almacenes y, según los reportes, atendió personalmente a los ciudadanos en el despacho cuando el marqués de Vintar intentó subestimar su autoridad.
Kaelion arqueó una ceja, intrigado.
- ¿El marqués Edwin de Vintar? - preguntó, sabiendo de la fama del hombre por su arrogancia.
- El mismo. - afirmó Dorian, claramente divertido - Según tengo entendido, él cuestionó la legitimidad de la emperatriz gobernara en su lugar.
Kaelion entrecerró los ojos, la furia apenas contenida.
- ¿Y qué le respondió ella?
Rovik carraspeó, esforzándose por no reír abiertamente.
- Le dijo y cito: “Si el título de esposa del emperador no le es suficiente, quizás desee saber que también soy la mujer que puede destituirlo con una palabra. Ahora, ¿quiere reconsiderar su actitud o debo dar la orden?”
Kaelion parpadeó, la incredulidad dando paso a una mezcla de orgullo y diversión.
- Vaya… - dijo con un tono bajo y reflexivo – De eso hablaba.
- Es más de lo que imaginábamos, Majestad. - añadió Rovik con seriedad - La gente está empezando a reconocerla no solo como la esposa del emperador, sino como una gobernante capaz. Incluso los más escépticos en la corte están reconsiderando su postura hacia ella.
Kaelion inclinó ligeramente la cabeza, procesando la información. Por un lado, estaba impresionado por la valentía y determinación de Leocadia; por otro, no podía evitar sentir un leve malestar por haber estado ajeno a todo aquello.
- Bien, entonces visitaré el templo. Si ella ya está allí, aprovecharé para observar cómo maneja las cosas.
Los hombres asintieron, claramente satisfechos de ver que su emperador no solo respetaba las iniciativas de su esposa, sino que estaba dispuesto a respaldarlas.
- Prepárense para acompañarme. - ordenó Kaelion antes de dar la reunión por terminada.
Con un suspiro leve, mientras se alejaba, no pudo evitar pensar en cómo su esposa seguía sorprendiendo a todos, incluido a él mismo.
Kaelion estaba a punto de marcharse cuando Darek, uno de los escoltas más antiguos, pero notablemente perspicaz, dio un paso adelante con una expresión seria.
- Majestad, si me permite... Si la emperatriz ha despertado la habilidad de sanación de Glen, es posible que el templo no sea el único lugar donde obtener respuestas. Podría considerar hablar directamente con los reyes de Glen sin alertarlos.
El ambiente se tensó por un momento. La mención del reino natal de Leocadia siempre cargaba con implicaciones políticas delicadas. Kaelion entrecerró los ojos, su mente calculando las posibles repercusiones.
- ¿Crees que sería prudente alertarlos? - preguntó con tono bajo, casi retador.
Darek sostuvo su mirada sin vacilar.
- Si la habilidad de la emperatriz es conocida, Glen podría reclamarla. Es un poder que pertenece a su linaje y no dudarán en exigir que regrese.
Kaelion meditó estas palabras en silencio. Era un hombre que rara vez mostraba incertidumbre, pero Darek había señalado un peligro que él no podía ignorar.
- Tienes razón. - concedió finalmente - Preguntarle al rey de Glen sería ponerlo en aviso y darles razones para intentar recuperarla. No puedo permitirlo. Indagaré primero con el sumo sacerdote del templo.
Rovik, que había permanecido callado hasta ese momento, intervino con una advertencia calmada.
- Majestad, sea cual sea el camino que elija, no olvide que este asunto requiere un manejo cuidadoso y necesitará toda la información que pueda obtener para proteger a la emperatriz. El Templo y usted no se llevan bien.
Kaelion asintió lentamente, su mirada fija en Rovik.
- Un recordatorio innecesario, pero lo agradezco, Rovik. Tendré cuidado.
Con estas palabras, Kaelion giró sobre sus talones, la capa negra ondeando tras él mientras salía de la sala de reuniones. Sus escoltas lo siguieron en silencio, conscientes de la creciente tensión en el ambiente.
Mientras caminaba hacia el próximo destino, las palabras de Darek y Rovik seguían resonando en su mente. Sabía que la habilidad de Leocadia no solo era un don, sino un arma política que muchos codiciarían. Y aunque su relación con Glen siempre había sido una cuestión diplomática distante, ahora se había convertido en algo profundamente personal.
- No permitiré que nadie la aleje de mí. - murmuró para sí mismo, con un brillo de determinación en sus ojos.
Kaelion se detuvo al escuchar el recordatorio implícito en las palabras de Rovik. No podía ignorarlo: su relación con el sumo sacerdote del templo era tensa, una herencia de los años previos, cuando el clero había apoyado a su tío en la lucha por el trono. Esa traición aún le quemaba y la falta de confianza era mutua. Pero lo que más le irritaba era la constante interferencia del clero en los asuntos del imperio, especialmente en la forma en que intentaban subyugar su autoridad.
La mirada de Kaelion se endureció al pensar en el sumo sacerdote, un hombre anciano de carácter implacable, cuyos ojos siempre reflejaban una mezcla de desdén y superioridad. Durante los primeros años de su reinado, Kaelion había restringido severamente la influencia del templo, convencido de que el clero había jugado un papel crucial en el golpe de estado de su tío. Por supuesto, eso no había sido bien recibido. Las discusiones entre ellos eran frecuentes y las tensiones siempre estaban al borde de estallar.
- Lo sé, Rovik. No me llevo bien con él. - dijo Kaelion, la furia bajo su voz evidente - Ya hemos discutido demasiadas veces sobre su intervención política. Y no tengo intención de pedirle consejo o favores, pero... debo obtener respuestas sobre Leocadia. No tenemos tiempo para enfrentarnos ahora.
Rovik asintió, conociendo bien las emociones que se agitaban bajo la fachada de su emperador. Sabía que Kaelion no perdonaba la traición de los que lo habían despojado de su derecho al trono y el clero había sido uno de los grandes culpables. La herida seguía fresca, pero ahora la prioridad era otra.
- Lo entiendo, Majestad. Pero... no olvides que el clero tiene sus propios intereses y no es tan fácil de manejar. - Rovik pensó por un momento antes de añadir - Quizás puedas obtener la información que necesitas sin caer en una confrontación directa. A veces, la paciencia y las palabras suaves pueden funcionar mejor que la fuerza.