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368 Words
Buscándote La villa estaba en completo silencio cuando Kaelion subió las escaleras hacia la habitación de Leocadia. Su cuerpo aún estaba tenso por la reciente crisis y aunque el elixir había calmado parte del ardor en su pecho, un dolor punzante seguía martillando su cabeza. Cada paso que daba parecía más pesado que el anterior, pero no se detuvo. En su mente sólo había un pensamiento: la mujer bajo su techo. Cuando llegó a la puerta de su habitación, no dudó. Giró el pomo y entró sin anunciarse, como si algo dentro de él supiera que no podía esperar. La luz de la luna se filtraba por las cortinas, bañando la habitación en un resplandor plateado. Leocadia estaba dormida, su respiración tranquila y constante y el cabello suelto enmarcaba su rostro en suaves ondas. Kaelion cerró la puerta con cuidado y con pasos casi inaudibles, se acercó a la cama. Su mirada recorrió su figura, tan delicada y serena, como un refugio que no sabía que necesitaba. Se sentó en el borde del colchón, su peso apenas hundiéndolo y la observó en silencio. Por primera vez en días, la tensión en su pecho comenzó a disminuir. No había palabras, ni estrategias, ni exigencias en ese momento. Sólo la calma que su presencia le proporcionaba, una calma que parecía envolverlo en el aire cálido de la habitación. Con movimientos lentos, Kaelion se recostó a su lado. Al principio, dudó, pero el dolor y el cansancio lo empujaron a seguir. Deslizó un brazo alrededor de ella, envolviéndola con cuidado como si temiera romper algo frágil. Cerró los ojos y respiró profundamente, dejando que el aroma dulce y suave de su cabello llenara sus sentidos. El dolor de cabeza comenzó a ceder, como si su proximidad lo disipara. Su cuerpo, siempre tenso y preparado para la batalla, finalmente se relajó. Y antes de darse cuenta, se quedó dormido, hundido en un sueño profundo y reparador, el primero en semanas. Leocadia, en su sueño, se movió ligeramente, pero no se despertó. Sólo se acomodó más cerca de él, como si su inconsciente también buscara refugio en su calor. Y así, por unas horas, el mundo fuera de esa habitación dejó de existir.
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