56

1038 Words
El Poder de Nerias Kaelion observó a Leocadia, que se mantenía firme a su lado. Sus ojos reflejaban una mezcla de admiración y sorpresa. Era la primera vez que veía a su esposa en una situación como esta, enfrentando el caos con una calma imperturbable y ahora, su poder, el poder de Nerias, fluía a través de la estatua hacia gente. - Bien hecho, cariño - murmuró Kaelion con una sonrisa orgullosa cruzando su rostro, mientras observaba cómo su esposa había logrado transformar el templo y quizás incluso el destino del imperio. Caminando hacia la salida, Kaelion se giró rápidamente hacia Rovik, cuyo rostro se endureció al instante cuando vio a Leocadia dar un paso fuera del templo. La luz dorada de Nerias, que antes había iluminado el lugar con una intensidad divina, se desvaneció en un parpadeo, como si se hubiera extinguido en cuanto la joven dejó el edificio. La emperatriz, aún con la seguridad de su victoria, avanzaba con pasos firmes, pero Rovik no pudo evitar notar cómo una delgada línea de sangre comenzó a escurrir desde su nariz por su rostro. - ¡Majestad! - llamó Rovik, alarmado. Su voz, normalmente calmada y autoritaria, estaba teñida de preocupación. Kaelion reaccionó con rapidez. Sin pensarlo, dio un paso adelante, su brazo extendido hacia Leocadia mientras cruzaba la puerta del templo. La vio tocándose la nariz, un leve temblor en su mano al intentar detener el flujo de sangre que comenzaba a teñir sus labios. - Leo - murmuró Kaelion, acercándose rápidamente. El tono de su voz, aunque suave, llevaba una carga de preocupación que rara vez demostraba. Ella levantó la mirada, los ojos sorprendidos y ligeramente turbios, como si no hubiera notado el daño hasta ese momento. - Estoy bien. - respondió con un tono que intentaba ser firme, pero que traicionaba un ligero temblor. Kaelion no la dejó continuar. - No. No estás bien. - dijo, su voz más baja, pero con una autoridad que no dejaba espacio a dudas. Rápidamente la rodeó con su brazo y la guio con firmeza hacia uno de los bancos cercanos a la entrada, apartándola de la multitud que aún se agolpaba detrás de ellos. - ¡Sacerdote! - gritó Kaelion, volviendo la vista hacia el sumo sacerdote, que aún observaba desde la puerta del templo, con una expresión confusa. - Has causado más que suficientes problemas por hoy. El sumo sacerdote intentó responder, pero al ver la escena de Kaelion y Leocadia, se contuvo, como si la magnitud de la situación lo dejara sin palabras. No se atrevió a acercarse. Kaelion, con la mirada fija en su esposa, mantuvo su mano en su rostro, observando cómo la sangre caía con insistencia, aunque usaba el pañuelo para contenerla. La conexión entre ella y Nerias, tan intensa durante su confrontación, ahora parecía cobrar un precio. Sus ojos se endurecieron con preocupación. Sabía lo que esto significaba, lo que podía implicar para su salud. La habilidad de Leocadia era peligrosa, un poder que, aunque divino, podía tener efectos secundarios si no se controlaba. - ¿Qué pasa? - preguntó ella, viendo la inquietud en su rostro. - Te sobrecargaste, Leocadia. El poder de Nerias... el costo de usarlo de esta manera puede ser grave para ti. Necesitas descansar. - le dijo Kaelion, su tono serio y lleno de urgencia. Rovik, que había estado observando con atención, se acercó con una expresión que no pudo disimular: preocupación. - Es posible que la sanación haya drenado su energía. El equilibrio entre el poder divino y su cuerpo es delicado. Deberíamos llevarla al palacio, majestad. Kaelion no respondió de inmediato, pero su gesto fue claro. - Vamos- ordenó. - Asegúrense de que esté bien. Y que nadie se acerque a ella sin mi permiso. La multitud, que había sido testigo de la milagrosa sanación, ahora observaba en silencio, atónita. Aquella emperatriz que había iluminado sus vidas con la luz de Nerias ahora estaba de pie, vulnerable, la sangre marcando su rostro a pesar de que el emperador trató de ocultarlo. Kaelion no estaba dispuesto a dejar que nada o nadie pusiera en peligro a su esposa, mucho menos por la arrogancia de un clero que, en su opinión, no comprendía la magnitud de la gracia divina. A pesar de la aglomeración y el caos que reinaban en el templo, Kaelion y Rovik rodearon a Leocadia, asegurándose de que la emperatriz fuera guiada rápidamente de regreso al palacio, con la protección adecuada a su alrededor. No solo la confianza de su esposa había sido puesta a prueba esa tarde, sino también su propio límite de tolerancia. - Leocadia, - dijo Kaelion, su voz suavizada por la preocupación mientras la miraba, - no me asustes de nuevo. Ella sonrió débilmente, una sonrisa que ya no era de victoria, sino una expresión de fatiga y resignación. - Lo siento. Lo haré, Kaelion. - Lo haremos - respondió él, sin dejar de sostenerla con firmeza entre sus brazos - Ahora, tienes que descansar. El sol se desvanecía lentamente, marcando el final de un día caótico, pero para Leocadia y Kaelion, era solo el principio de una nueva etapa. Un paso que los llevaría a comprender no solo el poder que Leocadia había desatado, sino las consecuencias que traerían consigo los misterios de Nerias. Devoción La estatua de Nerias, resplandeciendo con una luz etérea que parecía haber salido de las entrañas mismas del templo, dejó una huella indeleble en el recuerdo de todos los que la presenciaron. Nadie se atrevió a asociar esa luz con Leocadia, pero las lenguas de la capital, siempre dispuestas a tejer historias, comenzaron a murmurar que Nerias la había escuchado y accedió a sanar a tantas personas. El fervor por la intervención de la emperatriz fue inmediato y vibrante. Las calles y plazas de la ciudad se llenaron de adoración y gratitud hacia ella. Las flores que adornaban las puertas del palacio, las cestas de obsequios y las plegarias, todas parecían dirigirse hacia Leocadia, quien, en sus ojos, había reunido no solo la grandeza del título imperial, sino también la gracia de un poder que parecía divino al ser escuchada por Nerias. Sin embargo, fuera de la vista del pueblo, la realidad era distinta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD