Posesión
Leocadia lo observó mientras se desnudaba y apreció su cuerpo. Era el de un hombre acostumbrado a la batalla, a la lucha de cuerpo a cuerpo. Tenía marcas en el cuerpo, cicatrices de batalla.
Con una mano, tocó su pecho y vio como Kaelion se estremecía frente a ella.
- ¿Te lastimé? - le preguntó ansiosa bajando la mano avergonzada.
- No, preciosa...- le dijo con voz ronca desabrochando su vestido con las manos tensas - Solo que estoy muy excitado y que me toques me hace difícil contenerme. Dame un momento. Quiero tocarte y darte placer primero.
- No sé qué hacer...- le dijo avergonzada.
- Te enseñaré...- le dijo con una sonrisa tirando el vestido al suelo dejándola con el corsé y las medias - Mierda, compraron lo que quería...Te ves hermosa ...
- Kaelion...- le dijo cubriéndose.
- No lo hagas...- ordenó tomando sus manos y alejándolas de su cuerpo - Quiero verte...
De pronto, se asustó ¿Y si Leocadia no quería esto? La llevó a la habitación excitado y celoso por la actitud de Transa, pero ahora, desnudo frente a ella se cohibió. No quería tomarla contra su voluntad, pero quería reclamarla. Se levantó y retrocedió apoyándose en el dosel.
Confundida, la joven se sentó en la cama y miró su espalda ancha y su cintura estrecha. No pudo evitar observar sus glúteos firmes y sus muslos. Vaya. Era muy atractivo.
La habitación estaba en penumbras, iluminada únicamente por la luz tenue de una lámpara en la mesita cercana. El ambiente estaba cargado de emociones contenidas, de deseos no dichos y de un silencio que pesaba como un manto. Leocadia estaba sentada en la cama, con las piernas dobladas bajo el cuerpo, su cabello cayendo en ondas sobre sus hombros.
- ¿Kaelion? - llamó inquieta
- Dame un momento...
- Mírame...- le pidió, pero el hombre no se volvió.
- Leo...
- Mírame, Kael...
La voz de la joven sonó clara y fuerte por lo que el emperador se giró con cuidado. El apodo que sólo Leocadia usaba para llamarlo cuando vivió en el reino de Glen lo llevó a ese tiempo de paz y tranquilidad a su lado.
Frente a ella, Kaelion estaba de pie, sus manos apoyadas en la baranda del dosel mientras la miraban con una mezcla de intensidad y algo que parecía... duda.
La joven lo observó detenidamente, notando los detalles que delataban lo que él no decía en voz alta. Sus hombros estaban tensos, su mandíbula apretada, pero lo que más la impactó fue la vulnerabilidad en sus ojos. Kaelion, el hombre que había enfrentado guerras, conspiraciones y enemigos, estaba allí, luchando consigo mismo.
Leocadia lo entendió de inmediato.
Él tenía miedo. No del deseo que claramente ardía entre ellos, sino de la posibilidad de cruzar una línea que no podría deshacer. Temía imponer su voluntad, tomar algo que no le pertenecía, incluso cuando todo en su lenguaje corporal le gritaba que la deseaba.
Ella sintió una punzada en el pecho, pero no de miedo. Era una mezcla de ternura, gratitud y algo más profundo, algo que la sorprendió incluso a ella misma. Desde el día en que Kaelion la había rescatado, había sido su protector, su escudo contra un mundo que había intentado romperla. Pero ahora, en esa habitación, ella no quería ser protegida. Quería ser suya.
Leocadia comprendió que estaba lista.
No solo porque él había sido su refugio, sino porque había una parte de ella que quería que fuera él, solo él, quien la tocara de esa manera. No era una decisión basada en deuda o gratitud. Era un deseo que había nacido de su conexión, de la forma en que él la miraba, como si fuera algo más que un simple símbolo político como lo había sido para Edward. Además, Transa la trataba como un accesorio hermoso, no como una mujer. No tenía esa la mirada que Kaelion le daba ahora, una mirada cruda y carnal que la hizo sentir poderosa.
Pero Kaelion no lo sabía. No lo podía saber a menos que ella se lo mostrara.
Respirando hondo, Leocadia dejó que el silencio se mantuviera por un momento más antes de moverse. Lentamente, deslizó las mantas hacia un lado y se movió sobre la cama, quedando a su misma altura. No dijo nada, pero sus ojos lo buscaban, transmitiendo lo que las palabras no podían expresar.
Kaelion la miró, claramente desconcertado.
- Leo... - murmuró, su voz más baja de lo habitual, como si temiera romper algo delicado.
Ella levantó una mano y la colocó suavemente sobre su mejilla, sus dedos trazando una línea desde su pómulo hasta su mandíbula.
- Está bien, Kael - dijo finalmente, su voz apenas un susurro.
Kaelion cerró los ojos ante su toque, su respiración haciéndose más lenta, como si tratara de contenerse.
- No tienes que hacer esto por mí - dijo, abriendo los ojos para mirarla directamente. - No quiero que sientas que me debes algo.
Leocadia negó con la cabeza, su mano aún sobre su rostro.
- No es por eso. No es por lo que has hecho por mí. Es porque quiero que seas tú, Kael.
La vulnerabilidad en sus palabras lo desarmó. Kaelion dio un paso hacia adelante, su cuerpo tensándose mientras sus manos se alzaban, como si dudara de si debía tocarla. Pero antes de que pudiera hablar, Leocadia inclinó su cabeza hacia él, sus labios rozando los suyos en un gesto suave, un beso que era más una invitación que una declaración.
Cuando se separó, apenas un susurro de distancia, lo miró directamente, dejando que él viera todo lo que sentía: el deseo, la confianza, la apertura total.
- Estoy aquí, Kael. Quiero esto. Te quiero a ti.
Kaelion dejó escapar un suspiro tembloroso y por un momento, su expresión fue de completa incredulidad cuando la joven le entregó las cintas que ataban el corsé dejándole claro lo que quería.
- Leo, no quiero hacerte daño...
- No lo harás...enséñame - le dijo acercando su mano a su torso y deslizándola hacia abajo rozando el hueso de su cadera para luego observar su m*****o erecto sin miedo o vergüenza - Eres tú...quiero que seas tú... Seré tu emperatriz en cuerpo y alma para que nadie dude de ti...
- Leo...No te tomaré solo una vez...Si te entregas, no sé si podré dejarte ir cuando tu venganza termine...- confesó.
- Solo podré tener mi venganza gracias a ti...Mi cuerpo te pertenece ahora...
- El sexo... el sexo es distinto al amor...
- Lo sé...
- ¿Entonces, ¿Qué será esto para ti?
- ¿Y tú sabes que es para ti?
Kael dudó y suspiró. No quería mentirle y darle falsas esperanzas como lo habían hecho antes.
- Posesión...En este momento deseo poseerte, que tu cuerpo me pertenezca y el bastardo que te lastimó sepa que estuve dentro de ti y te he reclamado como mía... - vio su expresión y bajó la mirada - Lo siento, me prometí no mentirte.
- Lo agradezco, eso es valioso para mi. Quiero que siempre lo hagas. Yo haré lo mismo contigo
- Te deseo...
- ¿Qué pasará después de que me tomes?
- Estaré a tu lado como te lo prometí. Te ayudaré en tu venganza. Seré tu amante, tu aliado, tu escudo y tu espada...
- Kael
- Quiero tomarte, Leo. Me estoy volviendo loco. Te deseo...
Luego, lentamente, levantó una mano y la colocó en su cintura, tirándola suavemente hacia él para que sintiera su erección.
- Entrégate a mi, Leo. No te arrepentirás - murmuró, con una sonrisa que no ocultaba su lucha interna.
Leocadia dejó escapar una risa suave, una mezcla de alivio y alegría y se inclinó hacia él, apoyando su frente contra la suya.
- Entonces estamos igualados, entrégate a mi. Tu cuerpo también me pertenece en este trato - susurró, antes de que él finalmente la besara, esta vez sin reservas, permitiéndose sentir todo lo que había estado conteniendo.
- Úsalo como te plazca, princesa...- le dijo volviendo a la cama llevándola consigo.
El gesto fue el cierre de la distancia entre ellos, una conexión más allá de las palabras o los gestos. Y en ese momento, Kaelion supo que ella no solo estaba lista. Ella lo había elegido.