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810 Words
Como si fuera su misión de caballero, desató las cintas del corsé liberando sus senos y se quedó mirándolos por un instante antes de alzar la mano para cubrirlos con ella. - Perfectos...- murmuró complacido antes de bajar la cabeza para atrapar el pezón del que no cubría. Sintió a la mujer jadear por la sorpresa, pero no lo rechazó por lo que lamió y succionó cada uno hasta que la joven se retorció bajo él. Bajó una de sus manos para tocar su entrada y sonrió al sentir sus fluidos escurrir. - Eres muy sensible...- dijo con una sonrisa llevándose los dedos a la boca para saborear sus jugos - y sabes bien... - Kael...- le llamó con el rostro sonrojado y la boca entreabierta que sólo aumentó el hambre y la codicia en el emperador. - ¿Te gusta como te sientes? - le preguntó con una mirada encapuchada - Puedo darte más placer, te lo aseguro, pero aún no estás preparada. - ¿Qué? - preguntó Leocadia sin entender. - Aquí...- le dijo poniendo los dedos sobre su centro para luego mostrarle el líquido que los empapaba - Necesitas más de esto para recibirme por primera vez...Quiero que sea el tuyo, solo tú, cariño. Con una sonrisa, se posicionó entre sus piernas para lamer su entrada usando una de sus manos para abrir los pliegues dándole total acceso y Kaelion sonrió posesivo cuando vio su barrera natural intacta. - Kael, no... - Tranquila...Te haré sentir bien...Esto también me gusta mucho...- pasó la lengua y sonrió travieso - Dime que sientes... - Tu lengua... El emperador sonrió. - Buena chica...- susurró al morder uno de sus labios internos y el clítoris ¿Ahora? - Tus dientes ...- la sintió temblar - ¿Te dolió? - No, me siento rara..., pero me gusta - Esa es la idea...Dime si algo te duele...- le dijo comenzando a lamer su clítoris para apresurar las sensaciones hasta que pudo sentir como sus caderas lo buscaban. Se acercaba al clímax... Kaelion siguió estimulándola un poco más antes de hundir su dedo en su canal, rompiendo su himen, pero la joven casi no lo percibió debido a que estaba concentraba en su lengua y sus caricias. Comenzó a entrar y salir introduciendo otro dedo para ampliar su canal. Mierda, sabía y se sentía bien. Todo su cuerpo lo estaba excitando más de lo que quería reconocer ¿Cómo la tímida princesa podía convertirse en una mujer tan sensual entre sus manos? Y el saber que era él quien lo provocaba lo hizo feliz. - Kael...- lo llamó y el emperador sonrió. Podía hacerla llegar y penetrarla después o podía acercarla al borde y llevarla al orgasmo con él en su interior. Con una sonrisa, se decidió y subió afirmando su m*****o para que la punta presionara la entrada sintiendo como se aferraba a él ante la intrusión. - Solo dolerá un poco, lo siento...- avisó embistiéndola hasta el fondo para quedarse quieto hasta que se acostumbrara a tenerlo dentro. La llenó de besos y la abrazó para contener sus lágrimas, pero luego comenzó a estimular sus pezones con una mano y sus labios en atención a que parecía ser un área en extremo sensible para ella. Sonrió para si mismo, quería descubrir cada centímetro de su cuerpo y torturarla de todas las maneras posibles descubriendo todos sus puntos que le dieran más placer hasta hacerla gritar su nombre. - Voy a moverme...- avisó comenzando a salir y entrar en ella con calma hasta que vio como Leocadia volvía a excitarse. La tomó en un beso profundo entrelazando su lengua con la de ella, ansioso por lo bien que se sentía su interior, era estrecha y lo apretaba aumentando la fricción. Sabía que no iba a aguantar mucho por lo que comenzó a estimularla con la mano en sus senos - Eso es - le dijo cuando comenzó a estrecharse a su alrededor como si lo tuviera prisionero - Si puedo llegaremos juntos...Estoy tratando de no correrme... Leocadia trató de decir su nombre, pero se cubrió la boca con el dorso de la mano, avergonzada de escuchar su vos ronca y jadeante. - Di mi nombre, Leo. Pídeme que te lleve conmigo...- le dijo con la piel perlada de sudor al tratar de controlarse- No te calles. Quiero oírte gritar de placer. - Kael...Kael...- lo llamó con angustia sintiendo que su cuerpo y su razón la habían abandonado al sucumbir a las caricias del hombre frente a él. - Tócame, cariño. Aférrate a mi...Llegaremos juntos. Con embestidas más rudas y profundas para tocar el fondo de su canal, Kaelion gimió al correrse en su interior cuando sus paredes lo apretaron a medida que Leo llegaba al clímax. Cerró los ojos disfrutando del orgasmo conjunto, dejándose llevar por el placer y las sensaciones. Leocadia era suya.
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