Arabella no quería mirar a los cuatro hombres que bailaban sin pudor ante ella, pero no podía evitarlo; sus ojos estaban fijos en ellos. ¡En todos! Amaranta, por su parte, estaba observando a Vladimir. ¿Por qué ella no podía fijarse en Renato y los demás? Se quedó observando al Vory de la Bratva, con la boca casi abierta. Aún llevaba puesta una camisa que se ajustaba a sus músculos, empapada de sudor, pero el pantalón de vestir había caído al suelo, revelando un bóxer azul rey que combinaba con esos ojos eléctricos que poseía. La v***a grande sobresalía por la tela del bóxer y Arabella sintió un tirón en la entrepierna al darse cuenta de que era gruesa y estaba en reposo. —Qué rico banquete te das cada noche, querida —susurró Arabella, llevando el cóctel a sus labios y tragando el líquido

