—¡No me importa! —respondió Tasya encogiéndose de hombros mientras le decía a la sirvienta que le llevara un martini—. Mi familia no es una Santa, Arabella. Mis primos han hecho cosas terribles, al igual que mi tío. ¿Por qué debería sentirme mal por desear a dos hombres de manera equitativa? —preguntó Tasya, arrugando las cejas en señal de confusión. —¿Qué cosas cuestionables ha hecho tu familia? —preguntó Arabella, llena de curiosidad mientras sorbía de un pitillo de su bebida. —Mi tío se casó con una monja y la convirtió en una mafiosa igual a él. ¿No has leído el libro? —le preguntó, intrigada. —¿Qué libro? —articuló Arabella, confundida. —¡El libro! El de mi tío y mi tía Paula. ¡Dios mío, es un libro porno! Erótico; mi tío le metió su arma. ¡Su arma! —exclamó Tasya, incapaz de conc

