Frente a la ventana de mi habitación, me pongo mi suéter. He apartado la persiana, aunque tengo la ventana cerrada. La noche ya ha llegado, puedo oír desde aquí las voces de mis primos a la distancia, así como puedo verlos también ordenar todo en el jardín, cerca de la piscina para la fogata. Veo a Renzo y Francisca alinear las sillas y el sofá, así como diviso a Gio y Alessandro, hablando sentados en una de las tumbonas. Me llama la atención que están conversando con mucha seriedad e interés. Sin dejar de verlos, me pongo mis guantes. Gio parece estar triste, frunzo mi frente al ver a mi mejor amigo tomar su mano y consolarla, sonreírle mirándola a la cara y a ella sonreírle con dulzura en respuesta. «¿Qué carajos está pasando?» Termino de ajustar el guante en mi muñeca y me doy la vue

