Llego a la barra y tomo asiento nuevamente en el taburete. Agarro el cubierto, acerco el plato a mí y comienzo a desayunar muy tranquila. Pienso en todo lo que pasó y me rio sola ahora como loca maniática. No puedo creer que consideré a Alessandro como el enamorado de Gio cuando ella ni nombre me dio. Me dejé guiar por los celos del bruto de Daemon, y ahora en este momento, solo puedo imaginar que él está creyendo en su cabeza, que es su mejor amigo quien está cortejando a su hermana y yo no pienso ir a decirle que está equivocado. Podría llamarlo, decir que no es la película que él se hizo en su cabezota, pero no. Que siga asumiendo situaciones inexistentes solo para que aprenda a preguntar. Lo hizo conmigo, asumió que Dante era mío, de que el padre era algún hombre de mi pasado y no tuvo

