—¿Alessandro? —dice mi nombre con interés. Levanto mi vista de mi café y la veo—. ¿Vas a desayunar? He preparado suficiente, así que no te preocupes en negarte por eso. «¿Quiero hacerlo?» La verdad, tengo muchísima hambre, pero me siento extraño con ella ofreciéndome comida. Aunque es mi comida y es mi casa. —Gracias, si lo haré. Asiente y me da la espalda. La veo moverse en mi cocina como si ya la conociese de años. No me pregunta dónde está cada utensilio, ella va directo a cada gabinete y saca los platos y cubiertos como si nada. Eso me hace preguntarme si ella estuvo hurgando en toda mi cocina para poder moverse con tanta naturalidad. Solo espero que no haya estado hurgando en mis cosas. Es algo que me puedo esperar de la intensa de su hermana, pero no de ella. Ambas se parece

