No puedo. Simplemente, no puedo seguir aquí, no puedo estar en el mismo lugar que él. Siento que me asfixio, que me rompo en mil pedazos por dentro. Salgo de la cocina y llego a la habitación dispuesta a irme al fin. En este momento, mis emociones y sentimientos están totalmente alterados, dañados y descontrolados. Jamás en mi vida, creí que el hombre que me hizo conocer el cielo y las estrella, haya sido el mismo que me haya presentado la desdicha, desilusión y el desencanto. Justo estoy por llegar a la puerta de la habitación para abrirla y salir al fin de aquí, pero el agarre en mi brazo me detiene de manera abrupta privándome de salir. —Nuestra conversación no ha acabado, Serafina. —Para mí sí —refuto, intentando zafarme de su agarre, pero no puedo. Me tiene sostenida con mucha fuer

