Sostengo sus manos con fuerza, trato de mostrarme tranquilo, sereno, aunque por dentro me sienta en una desesperación abismal. Mis padres, mi hermana y mi mejor amigo, saben cómo luzco, saben cómo quedé después de haber intentado hacer algo para mejorar mi rostro, mi piel, mis cicatrices, pero los demás miembros de mi familia no. Yo me encargué de que nadie más fuese al castillo una vez estando ahí. Yo mismo, les prohibí la entrada, ni siquiera salía cuando iban a visitar para saber cómo estaba. Me rehusaba a salir de mi habitación, me negaba rotundamente a verlos, a oírlos siquiera. Estuvieron meses insistiendo, ya después, dejaron de hacerlo. «Supongo que Serafina tiene razón; el mundo sigue girando» Los latidos de mi corazón están acelerados, me siento con los nervios de punta. Sé qu

