Abro mi boca al acercarme al fin a las grandes rejas del castillo Barone. No puedo creer la cantidad de autos que hay para ingresar. —Esta vendimia es por todo lo alto… —musito sorprendida. Bajo un poco la velocidad, pero no dejo de conducir porque la fila de autos está avanzando rápido. Al pasar por el frente del guardia de seguridad, este me reconoce porque la sonrisa en sus labios y el saludo de manos que me muestra, es más que suficiente para hacérmelo entender. No me detiene para pedirme invitación, en cambio, me insta a continuar con una buena actitud. Sin duda, ingreso y no me cohíbo en acelerar el motor haciéndolo rugir con fuerza. Me rio con ganas al verlo hacerme gestos con sus manos como el típico italiano de corazón. Llego al fin al castillo y me quedo con la boca más abie

