Hace rato que ya he dejado de llorar. Hace un momento que no me salen más lágrimas de mis ojos. Me siento tan liviana, tan descargada; como si me hubiera quitado un gran peso de encima. Un descargo necesario para que ambos podamos dejar atrás el dolor. Un momento desgarrador, pero totalmente indispensable para cerrar un ciclo que vino acompañado por los fantasmas del pasado. Ahora nos queda sanar. Aún me sigue abrazando, el silencio no es incómodo, al contrario, se siente tan bien. Oigo su respiración calmada, pausada y profunda. Él ha dejado de llorar casi al mismo tiempo que yo, pero no dejó de besar mi cabeza, de abrazarme con fuerza. Deseo seguir así con él, pero creo que ya es momento de avanzar, de seguir adelante. Me remuevo, él lo nota y deja de abrazarme al fin. Daemon se recom

