—¿Y si el destino nos quiere toda una vida juntos? —inquiero con cautela. —Tendremos entonces una vida entera para ser pacientes y mantener viva esas promesas, ¿no lo crees? —Me parece perfecto. Sus labios se vuelven una delgada línea, pero, aun así, puedo ver que desea sonreírme. La pego un poco más a mí, elevo mi mano y con prudencia y control, acaricio su mentón, hasta que logro llegar a su labio inferior en medio de caricias. Fiorella no se mueve, me mira fijamente, así que, sin romper el contacto visual con ella, me inclino un poco más, acercándome a sus labios y besarlos al fin. Es un beso delicado, calmado. Soy paciente al comienzo porque deseo que se suelte por sí sola, que se sienta cómoda, al punto de ser ella en el futuro quien me bese a mí. Lentamente, bajo mi mano, pasá

