Molestando a la Guía
La guía Deveraux estaba en su elemento. El aire fresco del gimnasio abierto era revitalizante, y cada movimiento de su cuerpo al levantar las pesas o al realizar series de ejercicios era preciso, calculado. Su mente, siempre fría y enfocada, bloqueaba cualquier distracción. Era un lugar donde podía encontrar un poco de paz, lejos del caos de las misiones y la constante presión del servicio.
Había estado incomunicada y en una celda por dos semanas y la falta de ejercicio había hecho mella en ella. Necesitaba sacar tensiones. El dormir con Riku la noche anterior sólo había aumentado su ansiedad.
Pero esa tranquilidad iba a ser rota, pronto.
A pocos metros de ella, un grupo de soldados se había reunido, observándola entrenar con miradas que oscilaban entre la curiosidad y la burla. No tardaron en acercarse, uno de ellos, un sargento con una sonrisa arrogante, fue el primero en abrir la boca.
- Mírala. Siempre tan seria, tan... fría. Casi como si tuviera una escoba atascada, ¿No creen? - dijo el soldado con tono burlón, sin molestarse en disimular su desprecio haciendo que el grupo soltara una risa ahogada.
Deveraux siguió concentrada en sus ejercicios, ignorándolos por completo, pero el sargento no iba a dejarlo pasar.
- Vamos, Deveraux, ni siquiera un saludo. Casi parece que eres... ¿Cómo dicen? Ah, sí. Frígida. - le dijo el hombre acercándose más soltando una carcajada, seguido por los otros soldados.
- Déjame en paz, Torres...- avisó la mujer sin dejar la tarea - No quiero problemas.
Los otros comenzaron a murmurar entre sí, alentados por el comentario.
-Tal vez es porque nos odia. O quizá... solo no puede soportar estar cerca de hombres de verdad. - dijo un soldado riendo.
- O peor, quizás ni siquiera sabe lo que es sentir algo. - se burló el soldado a su lado.
La guía respiró hondo, manteniéndose impasible. Había aprendido a dejar que las palabras hirientes se escurrieran por su armadura emocional. No les daría el placer de una reacción.
Pero antes de que el sargento pudiera dar un paso más hacia ella, una figura apareció rápidamente desde el otro lado del gimnasio. Era Riku, su compañero, quién había presenciado todo desde la distancia. Su expresión, generalmente tranquila, ahora reflejaba una furia contenida. Se movió con agilidad y se plantó entre Deveraux y los soldados, su postura rígida como un muro protector.
- ¿Hay algún problema aquí? - preguntó Riku en voz baja, pero peligrosa.
Los soldados se quedaron en silencio por un momento, sorprendidos por la repentina aparición del hombre a quien no conocían. El sargento fue el primero en recuperar su arrogancia.
- ¿Quién eres? Solo estamos bromeando un poco. No sabíamos que la fría Deveraux tenía un defensor tan... protector. - se burló el sargento.
Riku no apartó la mirada del sargento, su voz manteniéndose controlada, pero con una amenaza latente en cada palabra.
- Lo que estás haciendo no es una broma. Es acoso. Y más te vale detenerlo antes de que esto se convierta en algo que no puedas controlar. - advirtió Riku serio, sin levantar la voz.
Los otros soldados intercambiaron miradas nerviosas, el tono de Riku no daba espacio para malinterpretaciones, pero el sargento no iba a retroceder tan fácilmente.
- ¿Qué vas a hacer? ¿Defender a una mujer que ni siquiera te mira? Todos sabemos cómo es. Deberías saberlo. - gruñó el sargento como un intento de mantener su superioridad.
Riku dio un paso hacia adelante, cerrando la distancia entre él y el sargento y, aunque no alzó la voz, cada palabra golpeó con el peso de una advertencia.
- Te sugiero que escojas mejor tus palabras, Norm. - le dijo en tono bajo, pero amenazante - Esta mujer es mejor que cien de ustedes y jamás lo sabrás. Y si no puedes mostrar respeto, te aseguro que encontrarás ese respeto por la vía difícil.
El sargento intentó mantener su compostura, pero el ambiente cambió. Los otros soldados empezaron a dar pequeños pasos hacia atrás, claramente incómodos. No había forma de enfrentarse a la intensidad de Riku sin pensárselo dos veces.
- Vamos, muchachos. Ya hemos tenido suficiente de este espectáculo. - les dijo a su grupo alejándose un poco.
Mientras se alejaban, el sargento lanzó una última mirada hacia Deveraux y Riku, pero ya había perdido la batalla. La tensión en sus hombros era evidente y su arrogancia, destrozada.
Cuando finalmente se fueron, Riku se giró hacia Deveraux, quien seguía entrenando como si nada hubiera pasado, pero había una leve relajación en su postura. No necesitaba decirle gracias; su silencio era suficiente para él.
- No tienes que enfrentarte a todo sola ¿Sabes? - le dijo Riku con una sonrisa suave, rompiendo finalmente la tensión.
- Siempre lo he hecho..., pero te lo agradezco. - dijo con calma dedicándole una breve mirada antes de volver a concentrarse en su ejercicio, su rostro mostrando una ligera suavidad que rara vez dejaba ver.
Riku sonrió, satisfecho. Había ganado más de lo que parecía con esas pocas palabras.
El gimnasio al aire libre había vuelto a su habitual tranquilidad. Deveraux continuaba con sus ejercicios, aparentemente imperturbable. Sin embargo, cuando Riku se quedó junto a ella, notó que su energía cambiaba sutilmente.
El hombre no solo era su compañero, era su esper y con el vínculo SICOM profundizándose con fuerza, se estremeció. Estaba percibiendo sus cambios emocionales a través de la conexión y eso lo confundía aún más ya que estaba tratando con todas sus fuerzas de que lo que sentía por el vinculo de segunda oportunidad no lo arrastrara con él.
El grupo de soldados que la había estado molestando seguía al acecho, aunque se mantenían a cierta distancia. El sargento, recuperando algo de su arrogancia, no pudo dejar el asunto así.
- Pensé que esto ya había terminado, pero parece que ese meta no puede dejar a la fría Deveraux sola.
Riku, quien los escuchó, con una sonrisa tranquila y calculada, dio un paso más cerca de Deveraux, lo suficiente como para que los soldados se dieran cuenta de lo que venía. Pero no fue el mismo Riku calmado de antes. Esta vez su postura era distinta, más posesiva. Se inclinó ligeramente hacia ella, rozando su brazo mientras la tocaba con una cercanía que parecía… íntima.
-Tendré que aclararles algo. Soy su esper. Y para los que no entienden cómo funcionan nuestras habilidades… eso nos convierte en algo más que simples compañeros. - Riku hizo una pausa, mirando directamente al sargento - Soy su esposo. Ella es mi mujer. Así que más les vale mantenerse alejados.
El grupo de soldados se quedó inmóvil. Las palabras de Riku resonaron en el aire y, aunque el sargento trató de reírse, algo en su tono lo detuvo. La conexión entre un esper y su guía no era algo que los demás comprendieran fácilmente, pero quienes sabían lo que significaba, entendían que era una unión profunda, más allá de lo físico, una especie de matrimonio psíquico que creaba una dependencia mutua y el lastimar a uno hacía que el otro lo protegiera a toda costa. Incluso atacando si era necesario.
Riku aprovechó el desconcierto del sargento para intensificar su actuación. Se inclinó aún más cerca de Deveraux, colocándole una mano en la cintura con una naturalidad que no debería haber sido posible si no hubiesen logrado la conexión el día anterior. Su toque, ligero, pero deliberado, generó una chispa en la energía de Deveraux, algo que ambos sintieron en su interior. Era parte del vínculo que compartían y, aunque estaban fingiendo, aquella cercanía era innegablemente real para sus sentidos.
-¿Estás bien, cariño? - le preguntó Riku acariciándole suavemente el hombro, susurrándole al oído lo justo para que los soldados pudieran escuchar.
Deveraux, aunque mantenía su usual fachada de frialdad, no pudo evitar que algo en su interior reaccionara ante él. Había entrenado para controlar esas emociones, pero el vínculo psíquico que compartían hacía que su autocontrol se volviera más difícil. Sabía que esto era parte de la actuación de Riku, pero su cuerpo y mente estaban respondiendo de manera instintiva a su toque, a esa cercanía. Era casi abrumador.
- Estoy bien. Gracias
El sargento, observando la interacción entre ellos, frunció el ceño, claramente incómodo. Sabía que no debía cruzar esa línea. Los rumores sobre la conexión entre un esper y su guía eran más que simples habladurías. Había algo palpable en el aire que hacía que la atmósfera se volviera tensa y casi intimidante.
- Esper o no, no cambia el hecho de que ella se comporta como si no le importara nada ni nadie. - le dijo el sargento con un tono desafiante a Riku, aunque su voz traicionaba cierta incomodidad.
El hombre sonrió, un gesto que no tenía nada de amistoso.
- Tal vez con los demás, pero no conmigo. - aseguró - No es asunto tuyo cómo se comporte mi mujer. Y te aseguro que, si sigues molestándola, no sólo tendrás que lidiar con ella, sino conmigo y con algo que no podrás entender ni controlar.
Los soldados intercambiaron miradas nerviosas. El sargento, claramente sintiendo la presión, decidió dar marcha atrás.
- Lo que digas, meta. Solo estábamos bromeando. - Se giró hacia su equipo -Vamos, chicos. Ya tenemos suficiente de esto.
Los soldados se retiraron, aunque uno o dos lanzaron miradas furtivas hacia Riku y Deveraux, aún sorprendidos por la intensidad de lo que acababan de presenciar.
Cuando finalmente quedaron solos, Riku aflojó la presión de su mano en la cintura de Deveraux, aunque no la soltó del todo. La sensación de ese vínculo psíquico aún los envolvía.
- Lo siento, sé que eso fue... intenso. Pero funcionó. - le dijo Riku con voz más suave, manteniendo su cercanía.
- Sé que es parte de tu misión. - le dijo tratando de controlar las sensaciones. No quería que el esper las sintiera a través del vínculo - De verdad agradezco que me ayudaras.
Deveraux lo miró de reojo, sabiendo que, aunque había sido una actuación, no podía negar la carga emocional que ambos habían sentido. Ese vínculo que compartían, aunque estrictamente profesional para los demás, era algo que cada vez se volvía más complejo. Tenía miedo de sentir más. Riku dejó claro que no quería esa conexión por la experiencia con su anterior guía.
- Lo manejaste bien. Pero la próxima vez, no será necesario llegar tan lejos. - le dijo tratando de mantener la distancia emocional entre ellos.
Riku soltó una ligera risa, aunque el eco de su conexión aún latía entre ambos.
- No prometo nada... - susurró cerca de su oído - Tiene que ser creíble para los Norms.
- Lo entiendo... - dijo Constance alejándose para ir a otra máquina. Temblaba y no quería que el esper la viera, menos cuando el vínculo la estaba afectando tanto.