La velocidad con la que los días habían cumplido con su recorrido los había sorprendido a todos. Era la última tarde oficial de Pato en el comedor y todos habían estado de acuerdo en festejarlo. May había llegado temprano y junto a Doña María habían decorado el lugar con globos y serpentinas. Los niños también habían adelantado su ingreso para sorprenderlo y cuando May le pidió a Pato que pasara a buscar unas bolsas de donaciones antes de regresar al comedor supo que algo había tramado. Sus ojos seguían siendo un traductor de sus pensamientos y le gustaba tanto que así fuera que no había día en que no agradecería que fueran lo primero que veía al despertar. Bajò de su camioneta para sacar lo recogido del baúl y se sorprendió al notar que sonreía. Era increíble cómo uno se acostumbra a s

