El regreso al comedor fue tan rápido como silencioso. Ninguno de los dos quiso volver a hablar por temor a arruinarlo aún más. May no quería aceptar que aún encontraba demasiado hermosa su sonrisa de lado y él no quería continuar generando decepción en sus increíbles ojos verdes. Las risas de los chicos lograron quebrar el clima de tensión entre los dos, al menos durante la hora que duró el desayuno, ya que una vez que el salón quedó vacío toda la aparente calma volvió a quebrarse. May evitaba cruzar su mirada, pero cada vez que podía intentaba espiarlo. Él había intentado llenarse de tareas, pero así y todo, sentía que el cuerpo de May danzaba entre las mesas con provocación. Cada vez encontraba más difícil ignorar lo mucho que le gustaba. Pato colocó los últimos vasos correctament

