VERÓNICA El spa era mi lugar preferido de toda la vida. Era el lugar perfecto para el descanso, para la relajación. Era el lujo más deseado por todos los simples mortales, por fortuna yo no me conformaba con poco y era gracias a mi esfuerzo e ingenio que podía gozar de estos privilegios. Por lo menos mi madre así me había educado. Las empleadas del spa me habían atendido como una diosa, luego de enterarse de los "incidentes" que tuve con Alana, para ganar la simpatía del resto de las clientas que estaban llegando al lugar. Había salido todo tan perfecto que esto merecía una celebración por mi ingenio. Había pasado un día entero en el spa siendo consentida como una reina. Eran las nueve de la noche cuando en mi último servicio, que consistía en poner un bálsamo reparador para la piel

