—té va a matar mi hermano, decía ella mientras se tiraba selfi en el espejo. —No, él no, no ha, hecho caso, ellos se fueron para el bar con su amigo Y a nosotras nos abandonó, —le dije muy ebria. En eso suena mi teléfono, yo lo cojo inmediato, es Hendrix. —¿Cuánto van a tardar porque vamos a comer?, — me dijo con una voz muy preocupante. —Perdón, ahora te interesa que yo vaya a comer con ustedes, —le dije muy enojada. —Pero ¿qué te pasa, está ebria, dime? —me dijo sorprendido. —No, solo me bebí un litro de ron que había aquí, — le dije irónica. —Pero tú está mal, ¿como un litro de ron? Por Dios santo. —Pero no fui yo sola, fui entre las dos—, le dije inocentemente. —Ustedes están locas, las dos, —dijo él, echa furia. —Voy para allá ahora mismo. —No vengas, estamos bien. —Claro

