Marcell cruzó los brazos a la altura de su pecho y miró detrás de ella. Los escoltas estaban detrás de la puerta, que aunque era gruesa, permeaba el sonido. En los siete años que llevaban de casados, nunca habían discutidos, no se habían enojado por tonterías, ni habían permitido que terceros se entrometieran. Había sido miel sobre hojuelas hasta que Lane Daniels regresó. Desde que su esposa cayó en esa tumba, nada volvió a ser como antes, comenzando porque ella no era infiel, ni en pensamiento, y en ese momento le estaba preguntando si quería la verdad o no, con ese tono dominante y predominante cuando no tenía motivos para ser ella la que estuviera enojada con Marcell. Él no hizo nada. —Lo dejaré a tu elección —dijo Marcell con la mirada en ella—. Dime lo que me quieras decir. Escucharé

