La última mujer que Lane llevó a la casa de Jodie, se despidió de él la mañana siguiente. Había olvidado la cantidad de mujeres que pasaron por su cama y su sofá durante ese mes. Las buscó para llenar un agujero en su pecho. Las buscó porque era lo más cercano que estaría de sentirse querido por unos minutos. La soledad regresaba con fuerza cuando se marchaban. Sentía los mismos barrotes de prisión alrededor de su cuerpo, y la inmovilidad. Sentía el mismo dolor, el mismo odio hacia sí mismo, y el mismo sentimiento de pérdida de la fiesta de Maddie. Ese demonio lo siguió durante ese mes, sin descanso, recordándole que él solo era una escoria que no merecía vivir, pero demasiado débil para quitarse la vida. Lane nunca tuvo pensamientos suicidas. Nunca pensó siquiera en quitarse la vida, pe

