La puerta de la habitación de Maddie apenas se abrió cuando Lane se asomó. Maddie, como la niña buena que era, se durmió entre las almohadas y con el oso de peluche que su madre le guardó en la maleta. Lane entrecerró la puerta y dejó la luz del pasillo encendida. Lane respiró profundo y empujó la puerta de la habitación que era suya en ese momento, y encontró a Verity con una pierna sobre la otra, las manos en su camisa de botones, desatando su camisa parte por parte, lento, provocativa. Lane la miró y cerró la puerta en un suave movimiento. La mujer mantuvo la mirada en sus ojos y terminó con el último botón. La camisa se abrió y despegó de su piel mojada, y mostró el corpiño que acunaba perfectamente sus senos. Redondos, sobresalientes y más grandes que como los recordaba, llevaron a L

