Esa última conversación no salió del todo bien. No fue lo que Marcell planeó. Pensó que Verity, al estar débil, al ser un cuaderno en blanco, podría usar eso a su favor. Pensó que podría manejarla a su antojo, como lo hizo cuando era una jovencita. Pensó que podría recuperar el compromiso y el respeto que hubo cuando se casaron, cuando decidieron estar juntos. Creyó que era posible estar con ella de nuevo, moldearla, enseñarle a conocerse, pero esas rosas azules no eran lo único que ella le ocultaba. Marcell fue dos días después a la habitación, a hablar amenamente con ella sobre el nuevo curso de sus vidas. Ella estaba desconcertada, sin embargo, entendió que Marcell no era la persona que todos decían que era. Era un político como cualquier otro, pero no era el hombre amoroso que daba l

