Lane tenía la oreja caliente cuando su hija le contaba que hicieron un cuento en la escuela, y que el suyo debió ser el mejor, pero la maestra no quiso colocarle un diez y una estrella porque falló en algunas tildes. Le preguntó a Lane si eso era algo que ella podía hacer, y Lane le dijo que sí, pero que lo tomara como un aprendizaje para que no volviera a ocurrir. A Maddie no le agradó su respuesta. No le gustó ni un poco que su padre no le dijera que iría a la escuela y le pediría a la maestra que le cambiara la nota. Tampoco sabía si podía hacerlo, y aunque pudiera, estaba lejos. De igual forma, Lane quiso ser lo más comprensivo posible con ella, y le aseguró que sería mejor y que la siguiente lo haria mejor. —Ahora, dejando de lado la escuela, ¿cómo te va? —Me esta yendo genial —res

