—¿Así que se está quedando contigo? —preguntó Riker cuando tenía el teléfono en una piña de cerámica que compró meses atrás para guardar dinero y cigarrillos—. ¿No es incómodo? —Un poco, pero es mi amiga, así que debo ayudarla —dijo Lane cuando lo vio saltar para encajar el pie en la bota—. ¿Qué putas haces? ¿Ahora trabajas para el circo y eres uno de sus monos? ¿Qué carajos llevas puesto? ¿Lo bordó tu abuela la muerta? Riker terminó de meter sus pies en las botas apretadas y echó su cabello hacia atrás. Había caído sobre su frente sudorosa. Riker respiró profundo un par de veces y tiró de su suéter. —Esto es cachemir —dijo cuando picó un poco en sus dedos—. ¿Tienes idea de a cuántas cabras le quitan lana para hacer esto? Lane achinó los ojos para verlo mejor. —Es un sacrilegio si el

