Caía la tarde cuando Pablo llegó al lugar donde Dario se encontraba, se había esperado lo peor, ni él ni nadie se podía imaginar lo aquel lugar les ofrecía. — Dario… El ex militar se encontraba parado observando lo que había sido su casa consumirse por las llamas, tenía el brazo herido pero fuera de ello lucía entero. — ¿Cómo ocurrió esto?. — Me ha dado un recado para usted jefe. Pablo frunció el ceño. — Que ha dicho. — Una bala perdida siempre encuentra su fin. Las sirenas policiales se podían escuchar a lo lejos. Dario se giró por fin al que había sido el hombre que le había ofrecido una nueva oportunidad. — Váyase, no lo tienen que relacionar conmigo, le aseguro que su tío no tiene nada, Gustavo es un buen elemento jefe él sabrá llevar la operación. El moreno miraba con rabi

