Narra Adam Aun no podía cree que Fátima estuviera aquí, junto a mí. Es como si estuviera viviendo un sueño hecho realidad, pero en parte no es así, ella ha pasado por mucho, y ahora se dedica a esto y eso me duele y mucho. Nos encontrábamos abrazados y la verdad ignoro cuanto tiempo llevamos así, y la verdad no me importa, me gusta estar así con ella. Hasta que se levanta y se va a dar una ducha. —¿Te puedo acompañar? —Digo desde el marco de la puerta. Me mira, pero con tristeza. —¿Qué ocurre? —Me acerco a ella con sutileza y la abrazo. —Tienes que irte. Ya es tarde y… —Suspira antes de volver a hablar. — debo atender a otros clientes. —Su voz se quiebra y eso me hace sentir mal. —Renuncia y vente a vivir conmigo. —Digo y me mira sin poder creer lo que acabo de decir. —Me gusta

