Para Elliot, todo aquello era como sacado de un increíble sueño húmedo. Estaba tumbado en una cama circular rodeado por cuatro de las mujeres desnudas más deliciosas que recordaba haber visto en una habitación. Lucy Holland le acariciaba suavemente la polla. Ceci le había ofrecido sus pechos que él había aceptado encantado. Bethy y Sandra le acariciaban los muslos y jugaban con su escroto. Sabía que estaba a punto de explotar. El calor animal se había ido acumulando en él desde sus insatisfactorios pero estimulantes encuentros anteriores con Bethy y Sandra. Se preguntó si el hecho de que se burlaran de él formaba parte de la iniciación. Entonces Lucy le cogió la mano y la colocó entre sus piernas, sobre los húmedos labios de su coño; estaba tan mojada, tan caliente allí abajo, que no podí

