En esos doce meses cada encuentro en la cama fueron fascinantes, eso les unió y les hacía extrañarse cada vez más, pues su química s****l era increíble.
Ambos eran ocurrentes y lujuriosos, se seguían en todas las locuras y lo disfrutaban como si fuera la última vez.
Para Oscar, porque sabía que si situación era peligrosa y en cualquier momento debía parar antes que Maria se diera cuenta.
Para liza porque no quería anamorarse e ilusionarse y sabía que una relación a larga distancia no funcionaria.
Salían a cenar o tomar un trago conocerse un poco más, había mucha atracción entre ellos, pues a liza le gustaban los hombres mayores y a Oscar simplemente le atraía liza.
Oscar era un caballero y siempre la sorprendía con regalos el la habitacio, flores, chocolates, incluso alguna joyería que liza usaba con gran aprecio pues le recordaba lo que sucedía después de los regalos.
Por las noches dormían poco, entre hablar y follar disfrutaban cada minuto juntos, ambos sin decirlo sabían que todo acabaría pronto.
Y liza como una cobarde huía antes de salir el sol, algo que Oscar odiaba pues disfrutaba tanto abrazarla para dormir después de quedar exhausto después de sexo, sin embargo lo aceptaba.