BIANCA
Él se levantó y se quitó la ropa, más bien, fue como si la hubiera desaparecido de tan rápido. Luego, se subió a la cama entre mis piernas y me quitó mis bragas, dejándome completamente desnuda. El aire fresco acarició mi piel, y una mezcla de nerviosismo y deseo me invadió. Nunca había estado en una situación así, y la incertidumbre me hizo contener la respiración.
—Tranquila, ángel. No dejaré que te duela —dijo, con voz suave y tranquilizadora.
Sus ojos profundos se encontraron con los míos, como si pudiera leer cada uno de mis miedos. Sentía un torbellino de emociones que me hacían dudar, pero su mirada me transmitía una promesa de seguridad.
—¿Y si me arrepiento? —pregunté, sintiendo que mi corazón latía con fuerza.
—No lo harás —respondió con una sonrisa persuasiva— Déjate llevar. Confía en mí, quiero hacerte sentir cosas increíbles.
Sus palabras encendieron una chispa de valentía dentro de mí. En ese momento, supe que quería explorar esto con él.
Sin previo aviso, sentí su pene acercarse a mi entrada, y en un instante, entró despacio. Un leve dolor me recorrió, y lo miré a los ojos buscando un refugio.
—¿Estás bien? —preguntó, su preocupación palpable.
—Solo... es nuevo para mí —respondí con algo de timidez.
—No te preocupes, ángel. Estoy aquí para cuidarte —dijo, inclinándose hacia mí— Solo relájate y permíteme mostrarte lo que te has estado perdiendo.
Cuando su voz profunda resonó en mi oído, el miedo comenzó a disiparse. Me dejé llevar, sintiendo cómo el deseo empezaba a reemplazar a la ansiedad.
Al parecer, supo que ya no sentía dolor, porque en un momento, entró de golpe. Mi cuerpo reaccionó instantáneamente, y sus labios encontraron mi cuello.
—Eres tan hermosa —murmuró, su aliento caliente enviando escalofríos a lo largo de mi piel— No puedo resistirme a ti.
—¿De verdad? —pregunté, sintiendo que la incertidumbre iba desapareciendo.
—Cada parte de ti me vuelve loco —confesó— Quiero hacerte sentir placer, que descubras lo que es desear a alguien tanto como yo te deseo.
A medida que avanzaba, la tensión aumentaba, y mis pensamientos se centraban solo en él. La conexión entre nosotros se volvía cada vez más intensa.
—¿Siempre haces esto? —pregunté, un poco avergonzada pero curiosa.
—Solo contigo —dijo con una sonrisa pícara— Eres especial, y quiero que sientas cada parte de este momento.
Mi corazón latía con fuerza, y la idea de que solo éramos nosotros en ese instante me hizo sentir viva.
—Está bien, entonces —dije, sintiendo que quería entregarme por completo— Muéstrame lo que sabes.
—Prepárate, ángel —susurró, y su voz era una invitación ardiente que me hizo prepararme para una experiencia que cambiaría todo.