BIANCA El sol brillaba más que nunca, bañando el bosque con una luz dorada que atravesaba las hojas y hacía resplandecer cada rincón. Me despedí de mis padres con una sonrisa y me encaminé hacia el río, un lugar escondido en lo profundo del bosque, donde la paz y la tranquilidad siempre parecían aguardarme. No había visto a Lucas desde la noche anterior. Cuando desperté, él ya no estaba. No dejó rastro, ni mensaje, nada que me indicara dónde había ido o por qué se había marchado sin decir adiós. Pero no podía dejar que su ausencia me afectara. Caminé entre los árboles hasta llegar al claro que rodeaba el río. Me senté bajo un viejo roble, con la vista fija en el agua cristalina que corría suavemente, arrastrando hojas y reflejando la luz del sol. Mientras el murmullo del río llenaba el

