Lukyan retorno a su mansión, su mente divagaba entre disfrutar lo bella que era su mujer y lo frustrante que le resultaba hacer las cosas a su tiempo, se notaba en esos ojos celestes que era terca, aunque también había un toque de dulzura en ellos que le provocaba calor en el frio corazón de la muerte blanca; una vez que tanto su hijo como él ingresaron en su hogar descubrió quizás por primera vez lo inmensa que se sentía aquella construcción, por más que Alek y otros empleados habitarán allí, no era lo mismo que cuando aún sus padres vivían y si él siendo un adulto sentía ese vacío, no queria imaginar lo difícil que debía ser para Vladimir pasar sus días allí, solo. — Dima. — llamo al empleado al cual le confiaría su vida si fuera preciso. — Señor. — podría llamarlo jefe, o simplemente

