Turquía: Lukyan finalizo la llamada, sabía que los Novikov no se reusarían a cuidar de su mujer e hijo, no les convenia, pues, aunque como ya se había dicho, todo era distinto ahora, eso no quitaba que si algunos de los padres de Atenea o Majo, supieran lo que sus hijas padecieron, aun años atrás, nadie podría detener su furia, después de todo, no eran personas comunes, era un sicario, un asesino y un mafioso, una combinación letal en todo sentido. — Señor Neizan, ¿no cree que es muy tarde para marcharse? — Zayane dio un paso atrás, de la impresión que le dio ver el rostro de Lukyan, era como ver a la misma muerte. — Mi trabajo aquí está hecho, mi mujer e hijo esperan por mí. — Zayane solo asintió con la cabeza. — Y no se preocupe por llamar a nadie, ya llegaron por mí. — informo apunta

