Nikola tomo una bocanada de aire, estaba solo con dos mujeres, pero se sentía intimidado y no era para menos esas mujeres eran las más poderosas del mundo, capases de acabar con quien quisiera con solo tronar los dedos y sin necesidad de ensuciar sus zapatos de diseñador. — Dígame, señora Bach, usted ¿cree en el destino? ¿en las casualidades? porque lo que estoy a punto de contarle, solamente puede ser cosas de destino o de una gran casualidad. — ambas mujeres se removieron incómodas, el relato del anciano se estaba extendiendo más de lo planeado, era poco el tiempo que les quedaba para presentarse a la boda de Lukyan y Dasha, pero eran conscientes de que debían saber todo antes de asistir a aquel lugar, pues de esa charla dependía si asistirían a una boda o a un funeral. — La vida me h

