Dasha escuchaba el latir de su corazón en los oídos, a medida que el sacerdote hablaba, todo desaparecía a su alrededor, de lo único que era consiente era del rubio que sostenía su mano y que cada tanto acariciaba su dorso con el pulgar. Sentía las lágrimas caer por sus mejillas y no comprendía el motivo, era algo tan irreal, se estaba casando, y era muy consiente que sería para toda la vida, pero no era eso lo que provocaba que sus lágrimas cayeran, tal vez se debía a la felicidad que su corazón y alma comenzaban a albergar, por solo comprender que tendría a su hijo por toda la vida a su lado, y quizás… un hombre que la amara incondicionalmente, por siempre. — Mi vida y muerte siempre ha sido para mí clan, pero hoy, ante Dios y los presentes, juro vivir solo para mi esposa, y morir junto

