Suavemente deje a mi Annie en el sofá mientras besaba su cuello y me impregnaba de su aroma.
Ella se entregó completamente a mi.
Me acomodé sobre ella con cuidado
Comencé por besar sus pequeños hombros cubierto por esa piel pálida y fresca
Llevaba una blusa de tiras, bajé una de ellas hasta dejar uno de sus senos al descubierto.
Tenia un pequeño pezon en color rosa y muy erecto.
Lo lamí muy suave muy lento disfrutando cada segundo del roce de mi lengua en su piel.
Con la otra mano entré por debajo de su blusa y me apodere de su otro seno.
Ambos eran míos al igual que toda ella.
- Renzo - gimió
Baje por su abdomen con mis labios húmedos
Hasta llegar a su pantalón, lo Mordí y con ayuda de mis manos muy lento lo bajé.
Quedó en ropa interior muy diminuta en color blanco con encaje.
Tomé su pierna derecha por la rodilla y la acomodé sobre mi hombro y luego hice lo mismo con la izquierda.
una vez que entre con mi boca en su intimidad, le iba a sacar los mejores orgasmos y ella lo sabía.
-Hummm- la escuché disfrutar y mi ereccion dolía.
- te extrañe mi amor - dije mientras succionaba su intimidad
Annie se movía al ritmo de mis lamidas
Su cuerpo se tensaba y se aflojaba.
Sus manos apretaban con fuerza los almohadones.
Lamí, chupé, succioné, y mi hermosa Annie me regalo un orgasmo delicioso para mis oidos.
Fui a su boca y la besé, aún tenía el manjar de su intimidad en mis labios.
Ella me besaba y saboreaba.
- mirame- le dije con la respiración entre cortada
- voy a penetrarte - le advertí
Mi cara estaba transformada, mi cabello desarreglado, mi pene totalmente erecto.
Rodee a Annie con un brazo por su pequeña cintura la eleve mientras con mi otra mano tomaba mi pene, dejando solo la punta para ella y así no penetrarla entera.
Annie colocó sus manos sobre mi rostro y me miró fijo a los ojos, tal cual se lo había ordenado.
Froté mi punta por su v****a ya húmeda y muy lento entre en ella.
Sus carnes se abrieron para mi, me recibieron, me apretaron.
Annie soltó un par de gemidos y sentí como latía mi pene dentro de ella.
Con mi brazo rodeándolo fui moviendola a mi gusto. Primero suave y luego más acelerado.
Annie me pedía que entre más en ella, que le entregue todo mi pene erecto.
Me resistí lo que más pude, pero ante semejante placer que causaba en mi.
Solté mi mano y ahora con los dos brazos le rodeaba su cintura, la pegue a mi cuerpo, que no quedara ni un solo espacio entre nosotros.
Y llegue a lo más profundo dentro de ella.
Solté un gemido reprimido. Esta mujer me enloquecía sin siquiera moverse.
Su mirada aún estaba clavada en la mía.
Podía ver sus pupilas brillar de deseo.
Me pregunto como se verán los míos.
Mi cara ardía, mi pene latía, mis movimientos se volvieron más acelerados ya rudos. Aún mi pene no entraba completamente dentro de ella. Pero su v****a estaba llena de el.
Annie paso de gemir a gritar de placer.
- no pares Renzo-
Oí eso y tuve que mirar a otro lado, buscar una pequeña distracción para no llenarla de semen.
Cuando obtuve otra vez el control volví a ella. A mirarla toda. Su boca, sus senos moviéndose el ritmo de mis embestidas.
Su cuerpo pequeño y blanco, ahora lleno de marcas rosas.
Mire su cabello largo, n***o, sedoso.
La extrañe tanto!
La amaba tanto!
Estaba acá conmigo!
Siendo mia otra vez. Después de tantos años de buscarla por cielo y tierra.
Seguía embistiendola, aunque no podía más, trataba de entrar más y más en ella.
Annie gritaba, le gustaba y le dolia.
No me importaba si le dolia. A mi me gustaba, yo disfrutaba tenerla, penetrarla, tantos años sonando con volver hacerlo.
- RENZO DUELE-
Ignoré lo que dijo
-RENZO BASTA-
Empezó a golpearme en el pecho con pequeños puñetazos débiles.
Sus ojos brillaban pero no de placer.
Comenzó a llorar.
Mis manos tomaron su frágil cuello, Y presióné
Sentí su último hálito salir de su boca tratando de pronunciar mi nombre.
Me rasguñó como último intento de defenderse.
Me miró fijo, estaba completamente roja y sus ojos negros por el rimel lavado con las lágrimas.
presione más y sentí el deseo de acabar.
Gocé esas últimas embestidas, la llené de mi semen mientras gemia y veía por sus ojos como se iba.
Desperté exaltado, otra vez, como de costumbre.
Aun estaba en el sofá, solo, sin nadie a mi alrededor.