— Sí, casarnos, tú y yo hacemos buena pareja, nos conocemos de años y si Gaby no se va a casar conmigo, que es la mujer de mis sueños, tú eres mi mujer maravilla. Imagínate. Bien, se lo debemos a nuestro hijo. —Puede ser una niña y no me voy a casar solo por eso —dijo mi amiga mientras se servía la segunda Coca Cola en el vaso. Matías miró a su primo reprobatoriamente. Como si él jamás hubiese tomado una mala decisión o similar. — Es una linda propuesta —intervine. —Préstame ese anillo. —Max, no montes un espectáculo, Gabriela y yo podemos irnos y ustedes hablar. Mi amigo insistió en que ocupaba el anillo, se levantó y lo sacó de mi mano, estaba segura de que jamás vería ese anillo como hoy, uno poco de oro con plata, completamente grueso, nada parecido a un anillo delicado y llen

