—¿Ya armó mi maleta señorita..? —Claro que sí, también tiene ropa cómoda para andar en el campo. —¿Y eso por qué? —Por si tiene que montar o ir de cacería —dijo ella y él asintió. —Qué mujer más inteligente —dijo, se acercó a ella. Olivia, se sonrojó, sin embargo miró hacia el suelo, intentando ignorar las protestas de su corazón. —¿Necesita algo más señor? —preguntó. —No. Ya con la ayuda de usted tengo todo para irme. Ella asintió y pronto desapareció por el pasillo hasta llegar a su habitación. Al día siguiente, se encontraba en un cómodo sillón de color gris. Miró con un poco de alegría a su compañero de enfrente. Juan, no solo era amigo de Leonardo, sino también de la joven que estaba frente a él. —Entonces, ¿qué opina de la nueva fábrica que está abriendo..? —Me parece como

