Donato lo toma del hombro a Noah y se lo lleva a la salida. En el ascensor él está quieto y su rostro cambió esa felicidad que irradiaba, se convirtió en tristeza, su cara está sin color, pálida como una hoja y no dice nada como si estuviera en shock. — Papá, a ella me querías presentar verdad, pregunta él y cuando Donato lo mira se le caen las lágrimas de sus ojos. — Sí, hijo, era a ella a quien quería presentarte. — ¿Qué zorra? Ya estuvo revolcándose con otro, no me lo esperaba de ella. — Para hijo, Donato estaba por decir algo, pero como se abren las puertas del ascensor y están las personas de seguridad, Donato hace silencio. Vamos en mi auto, dice él, porque lo nota a Noah un poco en shock. Quieres ir a comer a algún lugar o prefieres que vayamos a casa. Noah se limpia las lág

