Capítulo 14

1253 Words
Me solté de su brazo y salí de la casa lo más rápido posible Comencé a caminar sin rumbo y como si mis pies conocieran el camino a la perfección, llegue hasta el muelle al que yo solía recurrir para distraerme y donde los pensamientos volaban libremente. Pov Galen Luego de un rato de manejar, llegue a la Academia. Al ingresar, me dirigí hacia la oficina del señor Bell. —Buenos días Galen, adelante. —Buenos días, señor, me dijeron que quería decirme algo. —Sí, quería decirte, que puedes tomarte el día libre hoy. —¿El día libre? —Sí, hay demasiado personal, pero mañana si voy a necesitarte. Hablaremos de un trabajo especial que tengo para ti así que hoy tomate el día libre porque vas a necesitar energía pero sobre todo, paciencia. Lo observe con extrañeza, no sabía a qué se refería, pero aun así opte por no indagar al respecto. —De acuerdo. Se lo agradezco señor Bell. —Te veo mañana Galen. Al salir de la oficina, me encontré con Theo, mi mejor amigo desde siempre. También sabía todo lo de Athan, no había nada que no supiera. Siempre me aconsejaba y me apoyaba aunque la idea de vengarme de Rhea, no le agradaba en absoluto porque temía que al final sea yo quien resulte herido. —¡Athan!, ¿Qué cuentas? —Theo, sabes que no debes llamarme de esa manera en público. —A veces se me olvida, lo siento, ¿De dónde venías? —De la oficina de director Bell, me dio el día libre. —Que suerte por ti, yo estoy hace veinte minutos y ya quiero irme. —Tú por qué eres un flojo. —Claro que no. —Claro que sí, cúbreme que me voy a cambiar. —¿Te convertirás en el súper Athan?— indago en un susurro. —Solo cúbreme y cállate Theo. —De acuerdo, tranquilo viejo. Ingrese al lavabo del personal, me cambie y salí rápidamente. —Disculpa, ¿Has visto a Galen por aquí? Hace segundos estaba a mi lado— bromeo Theo al verme. —Voy a vengarme algún día. —No vas a enamorarme así que debes pensar en otra manera de hacerlo— bromeo nuevamente. —Aún me pregunto que se me paso por la cabeza cuando decidí contártelo— me queje— Me iré antes de que me metas en problemas. Bien, tenía el día libre, ¿Qué podía hacer?. Ya sé, iré al muelle, al que solía ir con mis padres. Fui hasta allí con mi auto y al llegar, alguien estaba allí, no sabía que alguien más supiera sobre este muelle. Me acerqué hasta allí y era ¿Rhea?. Pensaba ir a verla luego de pasar por el muelle. Si esto no es el destino, entonces deberían crear un nuevo significado. —¿Rhea? —¿Athan? ¿Qué haces aquí? —Salí a dar un paseo y se me ocurrió venir aquí porque siempre solía venir con mis padres. —Creía que nadie más sabia sobre este lugar. —Tampoco yo sabía que alguien supiera sobre él, sobre todo tú— me acomode a su lado— ¿Qué te anda molestando?— indague al observar su rostro decaído. —No es nada, es una tontería mía. —Nadie gasta sus lágrimas en tonterías. Rhea se silenció momentáneamente. —Puedes confiar en mí— afirmé. —¿Prometes no decir nada? —Ni hace falta que lo preguntes. —¿Recuerdas lo que te conté de mis padres? Asentí. —¿Qué ha pasado? —Aparecieron, bueno, eso es lo que dijo Elián— una lágrima se deslizó por su rostro. Me acerque a ella y limpie su lágrima. —¿Qué tal si les das una oportunidad? —Todos dicen eso, pero me cansé Athan, todos me dan sus explicaciones absurdas y ya no quiero escucharlos. Comenzó a llorar y yo solo la abracé, nos quedamos en silencio por un momento. —Gracias Athan, no sé por qué, pero siento que puedo confiar en ti. —Estoy para ti, cuando me necesites— consolé. —Gracias— tomo su teléfono de su bolso y le dio una rápida mirada—¡Oh, mira qué hora es! Debo regresar. —Vamos, te llevaré a casa. —Gracias nuevamente. Camino a casa, le contaba cosas que la hacía reír y pude levantarle el ánimo. Una vez que la deje en su hogar, regrese de camino hacia la mía. Pov Rhea. Llegue a casa y al entrar, había un niño en un carrito. Parecía tener dos años. Me acerqué a él y pude notar que se parecía mucho a Elián. Camine hacia mi habitación, pero antes de llegar, escuche voces que provenían de la habitación de mi Jan. —Queríamos decírselos, pero no sabíamos como— se oyó una voz desconocida pero familiar al mismo tiempo. —Esto es inaceptable para Rhea. Yo estoy feliz por ustedes, pero saben que a ella no le agradara en absoluto— esta vez se oyó la voz de Jan. —Lo sé, pero no sabíamos qué hacer. No aguante más e ingrese a la habitación. Quede paralizada al verlos, no podía reaccionar, no pensaba que fueran tan descarados como para regresar luego de haberme abandonado. —¡Rhea!— esbozó la persona a la que solía llamar madre. —¡Ni se acerquen!— pedí a todo pulmón. —Volvimos por ti— replico. El odio y el rencor se apoderaban de mi cuerpo. No había rastro de algún sentimiento posible. No era yo, mi cara se transformó totalmente. Pov omnisciente. Los padres de Rhea no podían detener su llanto. Rhea solo emanaba odio y rencor. Todo el odio que había acumulado por sus padres, durante estos dos años, salió a la luz. —¡Lárguense de mi casa! —Rhea, hija debes escucharnos— su padre dio unos pasos hacia ella. —¡Lárguense de mi casa! – grito cegada por el odio. Todo sentimiento hacia sus padres, Elián y Jan, se había transformado en rencor. ¡Lárguense de mi casa!— repitió una vez más. Pero sus padres hicieron caso omiso y  Rhea bajo hasta donde estaba el niño y lo tomo en sus brazos. ¡Lárguense o este niño las pagará!— advirtió. Todos bajaron corriendo las escaleras y Rhea fue con el niño hasta la piscina. Todos fueron tras ella. ¡No se acerquen malditos! —Rhea, ¿Qué haces?— el rostro de Elián se ensombreció. —¡Tú no tienes derecho a decir algo y ustedes lárguense ahora! —No lo haremos, Rhea, necesitamos que nos escuches. —¿Acaso no lo entienden? Pues si así lo quieren. Rhea tomo al niño y lo puso en vista hacia la pileta. El pequeño no tardó en comenzar a sollozar. —¡No lo hagas Rhea!— pidió Elián. —¡Que se larguen entonces! —¡No! Antes nos escuchas. Rhea amago con tirar al pequeño que no paraba de llorar. —¡No lo hagas! —¡Lárguense! —Rhea no... —Es únicamente su culpa. Estaba a punto de tirar al niño a la piscina hasta que se oyó nuevamente la voz de su madre. —¡Es tu hermano! Rhea alejo al niño de la pileta y clavo la mirada hacia los presentes. —¿Hermano? Este malnacido no es mi hermano. Lo volvió a acercar a la piscina y sus dedos se desprendieron lentamente.
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