35. Cuando entré para rentar un cuarto por una noche, vi que el que atendía era un chico muy joven y yo evitaba mirarle a los ojos más que todo por la costumbre. Desde que Frederic me había ordenado que jamás mirase a otro hombre ya no podía ver a nadie más a los ojos, se me había quedado bien grabado en la mente y en mis costumbres, y en tan corto tiempo había conseguido hacerme a su medida y yo, realmente me sentía orgullosa por complacerlo en todo. Pero Frederic ya no estaba, y necesitaba relacionarme con la gente, debía sacarme aquello de la cabeza. Sin embargo aunque me obligara a mí misma no podía verle a la cara y simplemente dejé el dinero encima el mostrador. Tomé las llaves y me fui hacia el cuarto que acababa de alquilar. Cuando abrí la puerta comprobé que era como los otros

