45. En esos dos años y poco más, casi tres, en realidad, en lo que vivía y trabajaba en el Rosa Blanca, al borde de la esclavitud, había visto a las chicas practicar movimientos sutiles que gustaba a los caballeros que concurrían todas las noches, para que sean sus clientes asiduos y quieran pagar una hora con ellas. Ahora, todos esas sutilezas femeninas que había aprendido de vista, las usaba con Pacheco, y él no parecía darse cuenta de lo que buscaba en ese momento. Un suave movimiento de mis labios, y una mirada fugaz pero letal hizo que Pacheco se sienta atraído por mí. Pacheco era un hombre bastante robusto, incluso de formas toscas, no era el tipo de hombre que pudiera gustarle a las mujeres, era por ese motivo que las tomaba sin su consentimiento. Otras mujeres buscaban en él su

