58. Me contó que pudo ver de nuevo los lugares que añoraba. No me decía una sola palabra de su familia, y siempre que mencionaba algo al respecto se quedaba en completo silencio. Hasta que un día, simplemente lo dijo. —Perdí a mis padres y a mis hermanos en un gran incendio. Murieron todos incluso el perro. Nunca más dijo una sola palabra al respecto y yo me sentía mal por él. —¿Conseguiste ver a tu madre? —Lo hice… pero no cambió nada —le confié con pesimismo. —Nada cambia si no nos encargamos nosotros mismos que las cosas cambien. Es lógico dentro de todo. Le conté todo lo que había vivido, bueno, no la época en el Rosa Blanca, sobre todo porque quería quitarlo de mi cabeza. Le conté sobre la pequeñita Doris. Quería saber qué había pasado con ella y su madre, doña María. — Lléva

