Ante la luna
Para Peter entender el amor del Dios en el que creía Elena le era difícil. Para él el amor era condicionado y dependía de muchos factores.
Pero todo lo que había leído en el diario de Elena lo hacía pensar en que tal vez estaba equivocado y que podía existir algo mejor de lo que él conocía.
Y según lo que había escrito Elena en su diario, su madre y su hermana Mariel le recordaban a su padre y a su hermano Alex.
Se preguntaba ¿Cómo podía perdonarlas y hablar de ellas con tanto cariño después de todo lo que le habían hecho?
A él le era difícil tolerar a su padre y apenas si se llevaba con su hermano. Como había podido Elena llegar a sentir tanto alivio y serenidad viviendo con su familia y hablar de amarlos cuando ellas seguían siendo las mismas.
Ese Dios del que habla en su diario Elena ¿¡De verdad existe!? ¿Esa vieja Biblia tendrá algo que ver con el cambio en su vida? - se preguntaba
Daba vueltas en su cuarto pensando en lo que había leído. Veía el diario de Elena en su cama y le parecía que solo el diario descansaba, porque él se hallaba muy inquieto.
¡Bien! Hagamos una cosa Dios. Si tu puedes hacer conmigo lo que hiciste con Elena y enseñarme a perdonar a mi padre y a mi hermano y llegar a sentir alivio en mi alma como el que dice Elena sentir en su diario.. ¡Yo declararé que tú existes y que tú eres Dios! -- ¡Quiero esa libertad de la que habla Elena!
Compraré una Biblia como la que ella tiene y si tú hablas a travez de la Biblia.. ¡Háblame! ¡Quiero oirte!
La oración que había hecho Peter se parecía más un reto hacía Dios, que una sumisa oración. Se sabía duro de corazón, pero Elena y su diario y esa vieja Biblia le hacían pensar en una vida diferente. Y él quería probar al Dios de Elena.
Estaba cansado de estar tenso e irritado y sentir que sus nervios se crispaban cada vez que tenía a su padre o a su hermano cerca. Estaba harto de sentir sobre sus hombros una cadena que odiaba llevar.
Amaba a su madre. Pero quería sentirse libre. De la culpa, por querer huir de la promesa que le habia hecho en el hospital despues de su infarto. Y quería sentirse libre del temor de que algo le pasara a su madre por su culpa, si él perdía los estribos con su padre en otra discusión.
Si ese Dios había ayudado a Elena, él quería conocerlo también. Y quería que también lo ayudara. Pensando y pensando casi no pudo dormir.
La mañana llegó y él aún quería seguir durmiendo. Pero tenía que ver a Elena e ir a rentar un auto. Pensando en su compromiso se levantó de su cama y se baño. Cuando estaba listo para salir, llamó un taxi para que lo llevara a la agencia y así poder rentar un auto.
Una vez hecho y con las llaves del auto en su mano se marchó a la casa de los padres de Morís. Al llegar Elena lo estaba esperando. Le entrego la maleta y acercandose a su oído le dijo: Antes de marcharnos revisa tu maleta.
Mirandolo a los ojos Elena se preguntaba, ¿porque deseaba que lo hiciera?, pero sin decirle nada asintió con su cabeza y se fue a la habitación dejando a Peter con el esposo de su tía, Arturo.
Al llegar a la habitación cerró la puerta y se dispuso a abrir la maleta tal como se lo había pedido Peter. Al abrirla halló varios regalos. Siete en total. Abrió cada uno. ¡Eran preciosos! Y al abrir la pulsera y los pendientes, no podía creer que le hubiera comprado una pulsera y unos pendientes ¡tan hermosos! Moria por usarlos.
Pero al ver la ropa que llevaba puesta, se dió cuenta que no combinaba con la pulsera y los pendientes que le había regalado Peter. Así que se cambió de ropa y soltó su cabello, para poder lucir los regalos de Peter.
La pañoleta de seda, la pulsera de rosas y los pendientes no lucían bien con los jeans que había decidido llevar, así que eligió un vestido a tono con los pendientes. Lista y segura de como se veía, salió de la habitación para encontrarse con Peter.
Al ver lo bella que se veía exclamó Arturo: ¡No sabía que lo de ustedes era una cita! ¡Luces preciosa Elena!
Tío Arturo creo que..
¡Que tienes razón Arturo! Así que no esperes que la traiga temprano. Montreal tiene muchos lugares hermosos que me gustaría que Elena conociera. Pero no te preocupes la traere a tu casa sana y salva después de las ocho. ¡Lo prometo!
Jajaja.. ¡Estoy seguro de que la cuidaras muy bien! Eres un caballero Peter. ¡Disfruten de su cita muchachos! -- les dijo Arturo con una gran sonrisa
Apenada Elena de la interpretación de Arturo y de que Peter pensara lo mismo, caminó hasta el auto sin pronunciar una palabra pero estaba sonrojada hasta sus orejas. Algo que a Peter le parecía muy dulce en ella.
Al encontrarse a unos metros de la casa Peter le preguntó: ¿Donde quieres ir primero?
¡A desayunar! -- le dijo Elena
¡¿Desayunar?! -- le preguntó asombrado, eran casi las once de la mañana..
Sí.. Algo me dice en mi corazón que no has comido nada aún. Y no puedes ir manejando por ahí con el estómago vacio -- le dijo Elena, con una seguridad en sus palabras que parecía su conciencia
La verdad es que se me olvidó desayunar esta mañana. Y no sentía hambre ¡hasta ahora! No sé como lo intuiste pero.. ¡gracias!
¡A ti! por ¡tan preciosos regalos! Cada uno es tan bello y detallado como si conocieras mis gustos. Te agradezco pensar en mí.
Me alegra haber acertado y aún más que los lleves puestos. Hasta el perfume ..
¡Que observador!
Cuando se trata de ti.. ¡Sí!
Empiezo a creer que lo que dijo el tío Arturo es cierto..
¿¡Una cita!? ¿Te gustaria tener una cita conmigo? -- le preguntó Peter mirandola a los ojos aprovechando que estaban ante una luz roja.
Su broma, resultó cierta. Y ahora debía responder.. ¡Sí! Me gustaría -- Sin más palabras, una sonrisa y el rubor en sus mejillas se encargó de decir lo demás..
Fueron a un café para que Peter pudiera comer antes de empezar el viaje. Y mientras el comía, Elena que había visto una librería antes de entrar al café, le dijo a Peter que le permitiera unos minutos, que debía hacer algo primero antes de irse..
Cuando ella regreso Peter ya había terminado y pagado la cuenta. De regreso al auto empezaron la marcha a diferentes y hermosos lugares en Montreal.
Al llegar la tarde un atardecer pintaba de rojo el cielo. Era tan bello que hizo suspirar a Elena.
Me gustaría pensar que ese suspiro fue por mí -- le dijo acercandose a ella
Peter.. Tú me regalaste cosas muy hermosas y valiosas. Yo quiero regalarte lo que para mí es muy valioso -- sacando de su bolso un paquete le obsequió a Peter una Biblia.
Peter había olvidado lo que le había dicho al Dios de Elena. Se quedó mirando la Biblia, que era idéntica a la que Elena llevaba en su maleta.
Cuando iba a decirle algo, los labios de Elena se pusieron sobre los suyos y un tierno beso iluminó la noche con su sonrisa.
Recibí dos regalos valiosos -- le dijo Peter acercandola hacía él para abrazarla.
No fue necesario ir a otro lugar, estaban donde querían estar. Abrazados el uno al otro. Rodeados de una hermosa luna y ante un lago que reflejaba su luz.
Las horas pasaban y ellos entre risas y caricias pasaban de ser amigos a sentirse una pareja de enamorados..