Parado en la cocina junto a Spencer, ambos omegas observaban a sus cachorros jugar, completamente ajenos a la situación que había en el piso de abajo. —¿Crees que esa niña estará bien? —preguntó Kendall, con sus dedos apretándose alrededor de la taza llena de chocolate caliente. —Bueno, tal parece que ha pasado por mucho antes de llegar aquí —comentó Spencer, observando su taza—. Ella... No parecía ser mayor de edad, ¿cierto? —Ni siquiera creo que tenga quince años —pronunció el rubio omega—. ¿Debería de alguno bajar y ver como se encuentra? —No —negó Spencer—. Por el contrario a otros omegas que han llegado, más que asustada con los chicos, parecía tener más temor hacia nosotros —indicó. Y los labios de Kendall se torcieron al recordar la expresión de horror cuando la joven les obse

