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2039 Words
Olivia Estos días en la Universidad han sido geniales, descubrí que las asignaturas que me corresponden cursar este semestre son realmente maravillosas. Amo totalmente cada uno de los contenidos y actividades que hemos realizado la última semana. Mis profesores son geniales y por lo que ellos nos comentaron, esta semana se integrarán los ayudantes, que son otros estudiantes de cursos superiores, que asistirán a nuestras clases algunos días y además resolverán nuestras dudas en horas extras. Con toda la ayuda que nos brinda la Universidad, se me hace más sencillo poder aprender y siento que realmente aprovecharé al máximo la oportunidad de la beca. A pesar de que para mí todo está marchando bien, Amanda me ha comentado que se siente perdida con todas sus asignaturas y por lo mismo, Samanta y ella han pasado mucho tiempo juntas esta última semana, ya que la rubia, al parecer, es toda una cerebrito y la está ayudando a estudiar. En estos días, Samanta se ha vuelto muy amiga mía y de Amanda, a tal punto que hoy por la noche volveremos a salir con ella y Franco. Esta vez le avisé con anterioridad a mamá que no llegaré a dormir, porque me quedaré en casa de Amanda. —Creo que por hoy eso es todo —señala nuestra profesora, haciendo un barrido visual por todos nosotros, como si buscara a alguien en específico—, nos vemos la siguiente semana, niños. Todos nos levantamos de nuestros asientos y comenzamos a guardar los materiales. Me coloco la mochila por sobre el hombro, dispuesta a marcharme del salón, pero un fuerte ruido en la entrada de la sala me distrae. —¡Profesora! —Vaya, vaya —la profesora rueda los ojos, como si estuviera enojada, pero nos deja en claro que no es el caso cuando sonríe y alza la voz hacia todos nosotros—. Niños, les presento al ayudante de esta asignatura, quién por fin se dignó a honrarnos con su presencia. Alzo ambas cejas con sorpresa la ver frente a mí al mismísimo Samuel Evans, el guapo mejor amigo de Samanta. Me detengo a observarlo y se le ve bastante cansado y respira con dificultad, dejando en evidencia que venía corriendo con apuro. —Hola a todos, perdón la tardanza —sonríe y puedo sentir como a más de alguna de mis compañeras se les cae la baba por el pelinegro—. Tuve un inconveniente, pero ya estoy aquí. Me presento, soy Samuel Evans, estoy en segundo año de la carrera y seré el ayudante de la profesora en esta asignatura. Nuestra profesora asiente con la cabeza y le da una palmadita en la espalda a Samuel. Escucho varios murmullos a mi lado y por lo poco que alcanzo a oír, entiendo que el padre de Samuel es el muy famoso dueño de la cadena de hoteles nacionales “Evans”. Me sorprendo al no haberlo notado antes, es demasiado obvio el parecido físico que Samuel tiene con su padre y además del apellido que se carga. Ahora es cuando las palabras de Samanta cobran sentido y comprendo por qué el padre de Samuel siempre está de viaje. —Samuel es uno de los mejores estudiantes de su generación, aprovechen que estará disponible para ayudarlos y resolver sus dudas —señala la profesora con total seguridad y confianza. Veo como varios de mis compañeros se acercan y se presentan con Samuel, pero en mi caso, me da mucha vergüenza ir y hablarle, aún sigo sintiendo que me falta la voz frente a él, por lo que intento pasar por su lado sin llamar la atención. Cuando creo que lo conseguí y voy llegando a la salida de la sala de clases, escucho su penetrante voz detrás de mí. —Verde. Siento que hasta mis piernas tiemblan, con tan solo escuchar su voz dirigirse a mí. Me giro en mi lugar y afirmo mi mochila con fuerza, como si eso pudiera ayudarme a tomar valor y enfrentar a Samuel. —Hola, Samuel —saludo con una leve sonrisa en los labios. Él se acerca a mí y deja un beso sobre mi mejilla, lo cual debo reconocer que me afecta bastante, porque de inmediato siento mi rostro arder. —No sabía que estudiaras lo mismo que yo —dice. Me encojo de hombros y muerdo mi labio inferior, sintiendo que todo lo que hago es estúpido. Bajo la vista por mi vestimenta y me maldigo a mí misma por haber escogido este feo sweater que en algún momento perteneció a mi madre y ahora parecía un trapo viejo. —El mundo es muy pequeño —digo en un susurro, sintiéndome avergonzada por mi aspecto de vagabunda. Samuel se cruza de brazos y asiente con la cabeza, siendo ajeno a mi pequeño quiebre mental. —Bueno, creo que de ahora en adelante nos veremos un poco más —sonríe—, aunque después de todo, incluso ya conoces mi casa. Una de mis compañeras que pasa por nuestro lado alza una ceja hacia mí, con burla en su mirada, cosa que me incomoda mucho, porque no quiero que nadie mal interprete mi inexistente relación con Samuel y crean que yo quiero obtener créditos extra en la asignatura u obtener beneficio alguno por el evidente poder que su padre tiene en el mundo empresarial. Quizá suene estúpido, pero me gusta conservar mi apariencia y que nadie venga a decir que alguien me ha dado algo de forma gratuita, cuando me he ganado todo lo que tengo con mucho esfuerzo y lágrimas. Si no fuera por mis perfectas calificaciones del colegio, nunca hubiese ganado la beca que tengo ahora. —Bueno, eso sucedió bajo engaños —digo con una sonrisa, evadiendo los pensamientos negativos que circulan por mi cabeza y relajándome cuando veo salir a mi compañera del salón. Samuel se ríe y luego se encoje de hombros, siendo ajeno a toda la paranoia que acaba de circular por mi mente. —No te he vuelto a ver por ahí… Abro los ojos con asombro ante sus palabras. Un cosquilleo se instala en la base de mi estómago y no entiendo por qué me pongo tan nerviosa con este chico. Sus ojos color azul eléctrico se mantienen fijos en mi rostro, lo que no facilita nada el que pueda calmarme. —Yo… eh… —tartamudeo, sin saber que decir—. No he ido a tu casa. “Claro que eso ya lo sabe, Olivia”; me recrimino. —Bueno, sabes que eres bienvenida —me sonríe y baja la mirada hasta sus zapatos—. Todas las amigas de Sam son bienvenidas. Por un segundo, nuestras miradas se conectan y algo sucede dentro de mí, pero no logro identificar qué es. Me siento extrañamente en confianza con Samuel y hasta podría reírme de eso, porque él es un hombre y su género representa mi mayor miedo. Me quedo sin saber qué más decir, pero gracias al destino me veo interrumpida por la profesora, quien se acerca a Samuel y le sonríe. —¿Cómo van los negocios familiares? —pregunta ella con una sonrisa. —Todo bien, mi padre llega al país esta semana —responde Samuel con una sonrisa cordial. Me siento una entrometida en esta conversación, por lo que hago un gesto extraño con mis manos y luego acomodo mi mochila innecesariamente. —Debo irme, adiós. Samuel asiente hacia mí y me guiña un ojo sonriendo, lo que me provoca un nuevo cosquilleo en el estómago. —Nos vemos, verde. La profesora nos observa a ambos sin decir nada, pero la sonrisa en su rostro me indica algo, que no soy capaz de entender de inmediato, pero lo dejo pasar. Me doy media vuelta y arranco por los pasillos de la Universidad. Tomo mi celular y le marco a Amanda. —Hola, ¿qué pasa? —pregunta ella apenas contesta la llamada. —Tenemos una urgencia. —Vale, ¿qué pasa? —vuelve a preguntar, con un tono de preocupación en la voz. —Nos vemos en el centro comercial dentro de media hora —señalo. Finalizo la llamada, sin mayores explicaciones. Necesitaba comprar ropa nueva y dejar de sentirme tan insegura respecto a mi apariencia física. Parte de crecer y vivir esta nueva etapa tenía que ver con los cambios externos que esto traía, por lo que ya era momento de cambiar un poco el look y sin duda necesitaba del buen gusto de mi mejor amiga para poder conseguirlo. (…) —Así es que… Samuel Evans —murmura Amanda con una sonrisa pícara en el rostro. Giro los ojos con fastidio y hago una negación con la cabeza. Amanda toma un vestido rojo con pequeños puntos blancos y me lo entrega. —Este tiene mucho escote —digo de inmediato, observando el bello vestido entre mis manos—. Es hermoso, pero siento que se me verá bien, no tengo el cuerpo para lucirlo. —Pasaremos por un par de lentes también, porque realmente estás ciega si no aprecias la belleza que tienes, Olivia. Guardo silencio y miro de reojo el vestido que Amanda me entregó, pensando en que podría estrenarlo hoy en la salida que tenemos pendiente con Samanta y Franco. —Sabes que mi cuerpo no es el más lindo, amiga. Ella pasa por alto mi comentario y sigue mirando la ropa que está frente a nosotras. Me siento fuera de mi zona de confort, hace tanto tiempo que no salía de compras que había olvidado incluso cuál era mi talla. —Entonces, ¿Samuel Evans? —vuelve a insistir. Ruedo los ojos con fastidio, intentando pensar en qué decir y que no sea tan comprometedor, porque me avergüenza reconocer que el mejor amigo de Samanta Hill se me hace demasiado guapo. —No pasa nada con ese chico, solo es el ayudante de una de mis asignaturas —Amanda se ríe levemente y luego se voltea para verme de frente, señalándome con su dedo índice. —A mí no me engañas —señala—, además Samanta mencionó que a Samuel le parecías muy linda. De inmediato mis mejillas se tornan rojas, dejándome en evidencia, por suerte Amanda vuelve su atención a la ropa frente a ella, ignorando que parezco un tomate. A pesar de que mi amiga no me presta atención yo no puedo dejar de pensar en sus palabras. ¿Realmente le parecía linda a Samuel? De solo pensarlo, la piel se me ponía de gallina y mi estómago se revolvía, con un sentimiento similar a la emoción. —¿Eso dijo? —pregunto. Mi amiga asiente con la cabeza y me extiende un jeans, el cual tomo de inmediato. —Sí, ella dijo que Samuel creía que tus ojos eran hermosos. —Eso no significa nada. —¿Qué significa que Samuel haya cancelado todos sus planes para irse de fiesta hoy con nosotros? —pregunta con un tono de diversión. Arqueo una ceja, con curiosidad y me encojo de hombros. —Bueno, quizá solo quiere salir. —A una fiesta donde estarás tú —señala. Se gira y apunta a un cubículo tras de mí—, ve a probarte la ropa, de aquí no nos iremos hasta que te lleves algunas prendas. Asiento hacia mi amiga y me doy media vuelta para ingresar en uno de los probadores y darle en el gusto. Sé que fue mi idea la de comprar ropa nueva, pero la verdad es que me estoy arrepintiendo al pensar en que me veré ridícula intentando cambiar mi look de siempre. Me coloco primero el vestido rojo con puntos blancos y me sorprendo al verme a mí misma en el espejo. El reflejo me muestra a una chica que no conozco, una que difícilmente podría pasar desapercibida y eso me gusta. La tela se ajusta perfecto a las curvas de mi cuerpo y resalta cada una de ellas, haciéndome ver voluptuosa y muy sensual, pero sin quitarle el toque casual. Me siento sexy, linda y me parece que este vestido es lo que necesito hoy, precisamente para ir a la fiesta en donde sé que estará Samuel Evans.
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