Capítulo 5

443 Words
La noche anterior, Axel había decidido hacer su estancia en ese lugar lo más llevadera posible, no podía estar con un nivel de tensión tan alto todo el tiempo porque tenía un problema de salud el cual su estrés le jugaba en contra y si estaba todo el tiempo bajo presión podía empeorar, así que decidió que dejaría de pelear con el hombre de hielo y ser lo más "amablemente" posible con él. Hasta que la volvió a ver desnuda en el baño. Estuvo a punto de tirarle el secador de cabello, pero se pudo controlar. Buscó la ropa que había llevado el día anterior y la encontró en un rincón en el suelo, como si fuera basura. Hijo de... Estaba segura de que él había hecho eso, era el único que estaba en contra de su vestimenta. Tendría que pasar a casa por sus cosas, ya que no pensaba usar nada más de lo que estuviera en ese lugar si de ella dependía. Pensar en casa le recordó que debía enfrentarse cara a cara con su madre, su hermano y sus miles de preguntas. Salió del armario y trató de no hacer escándalo porque el hombre al parecer se había vuelto a dormir. — Thomas te está esperando para llevarte a tu trabajo —la voz de Dominic la hizo pegar un brinco debido al susto cuando estaba a punto de salir del cuarto. — No era necesario —recordó que debía estar serena—, pero gracias. Salió de la habitación y todo el lugar estaba en silencio y desolado. Para nada comparado con el escándalo de la noche anterior. — Buenos días, linda —la saludó Claire cuando pasó por la cocina para tomar agua. — Buenos días —Axel fue directo hasta el grifo y bebió agua hasta apaciguar su sed. — ¿A dónde vas? —la mujer le ofreció una fruta para que se llevara algo sólido al estómago. — A trabajar. — ¿Tuviste muchos problemas con Dominic? — No muchos, de hecho —reconoció —. Vas a creer que él piensa que yo le pediré que me lleve a la cama por voluntad propia —Claire sonrió al escuchar eso. — Eso es ser un hombre seguro de sí mismo— se burló la mujer también — ¿Y durmieron en la misma cama y no se mataron? — Hum, no. Yo hice mi propia cama en el suelo. No pienso compartir la misma cama que él. — ¿Ya estás lista? —Thomas hizo acto de presencia en la cocina, listo con su pantalón, saco n***o y camisa blanca. Parecía un agente secreto. — Sí, estoy lista. Adiós, Claire, nos vemos luego —se despidió ella, agitando la mano. — ¿Quieres que te prepare algo especial para cenar? – Lo que tú quieras, pero que tenga alubias —le encantaban las alubias y si tenía que comer en ese sitio de ahora en adelante, pues bueno, no se iba a privar de esas delicias. — Dalo por hecho, cariño. Sin perder más tiempo, tomó camino hacia el geriátrico en compañía de Thomas. — ¿A qué hora sales? Vendré por ti a la hora que me digas. — Tengo que ir a casa, no pueden verme en este auto —negó de inmediato. — Te recogeré cuando salgas de la universidad entonces. — De acuerdo, gracias, Thomas. Cuando entró a su trabajo se quedó helada al verlo frente a ella. Kevin estaba ahí, de pie, observándola con desconfianza y dolor. Ambos trabajaban en el mismo lugar, solo que Kevin tenía un horario distinto; cuando ella entraba él salía. —Creí verte subir a ese auto ayer y hoy confirmó que no me equivoqué— la voz de Kevin era apenas un susurro, pero su voz estaba cargada de dolor y eso la mataba. Axel no supo que responder. —¿Ese es el hombre con el que me traicionaste? —No, no, él es su chófer— le dijo sin pensarlo. —Es de dinero – sonrió él con tristeza. Axel sintió un nudo en la garganta. La creía una interesada —. ¿Sabía que estabas comprometida? Axel negó con la cabeza. —Lo engañaste a él también. ¿Cómo se llama? ¿Lo conozco? —Basta, Kevin— le pidió ella. —¿Cómo se llama? —volvió a preguntar, pero en esta ocasión si elevó el tono de voz. —Dominic —susurró ella. —¿Lo amas? —Basta, por favor... Axel se alejó de él mientras las lágrimas salían de sus ojos. Tomó su ropa de trabajo y deseó que Kevin se marchara pronto porque no podría trabajar con él presente. —¿Qué pasó con tu novio? ¿Por qué peleaban? —una de las señoras que estaba sentada en su silla mecedora, cerca de la entrada le preguntó. —No es nada —respondió ella en un hilo de voz. —Estás muy triste— le susurró señora—. ¿Ya vamos a comer? No estaba triste, estaba abatida, desecha. — Vamos para que coma, debe ponerse muy fuerte. Se dispuso a trabajar lo más calmada posible porque esas personas necesitaban a alguien que los animara, no que los entristeciera con su patética vida. A la hora de salida corrió para alcanzar el autobús que la llevaría a casa. Y deseo mejor haberse ido a pie porque su hermano Billy iba en el mismo autobús. —Hola, Rose— solamente Billy podía llamarla por su segundo nombre. —Hola— le devolvió el saludo ella. —Mamá comentó lo de tu mudanza —comenzó él tanteando el terreno. —Sí, será más fácil de esa manera. —¿Y que pasara con Kevin? Creí que estaban ahorrando para alquilar aquella casa en el este. Las lágrimas no aguantaron y salieron sin más. —¿Qué pasa? —su hermano la abrazó con fuerza. —No me voy a casar, Billy— Axel trató de contener los sollozos, pero fracasó. Billy la observó por varios segundos y no dijo nada más hasta que bajaron del autobús. —¿Qué ocurrió? —le preguntó finalmente, cuando caminaban el resto del camino a casa —. ¿Te hizo algo malo, Kevin? —No, no, no — se apresuró a decir ella. —¿Entonces? —Me he enamorado de alguien más —esperaba que su hermano le creyera. Billy por otro lado, solo soltó un suspiro. —Yo sabía que esto del matrimonio era muy repentino —confesó después de un rato —. Me agrada muchísimo Kev, pero ustedes están muy jóvenes todavía, Rose. Sé que se conocen de toda la vida, pero aun así me parecía muy precipitado. No conocen nada del mundo. —¿Por qué nunca me dijiste nada de esto? —estaba impresionada de que su hermano se hubiese guardado sus pensamientos acerca de su matrimonio todo ese tiempo. —Porque no es a mí a quien le toca decidir sobre lo que es bueno para tu vida o lo que no. Solamente tú. Y me gustaría conocer a esa persona de la que te has enamorado —le pidió de una vez. Axel se tensó. No podía presentarle a Billy a Dominic Bryce. Se daría cuenta de todo. —Mamá se va a molestar mucho —trató de cambiar el tema. —Se va aponer triste— aseguró Billy —, pero sobrevivirá. Axel lo abrazó y sintió ganas de decirle todo, pero se frenó en ese mismo segundo. Billy era capaz de hacer una tontera y saldría perjudicada Isabella y de paso él. Llegaron a casa y su madre estaba cocinando unos filetes con batatas. —Hola, ma— la saludo ella, mientras la abrazaba con mucha fuerza. No debía mostrarse tensa ni preocupada ante ella. —Hola, mi niña— la saludó su madre —. Estoy preparando tu comida preferida. Invité a Kevin para que nos acompañe. Las terminales nerviosas de Axel se fueron a tope en ese momento. —¿Por qué lo has invitado madre? —Billy empezó a husmear entre las cacerolas y su madre lo apartó de inmediato. —Porque es probable que esta sea uno de los últimos almuerzos que tengamos todos juntos en familia. Tu hermana se mudó lejos de casa de un día para otro y Kevin es el futuro esposo de tu hermana, además de que es como un hijo más para mí, así que no le veo ningún inconveniente. Axel se disculpó y se marchó a su habitación. Veinticuatro horas atrás todo había estado de maravillas, ella estaba feliz con su vida, con su familia, con su prometido. Con todo. Y ahora, les había mentido a los integrantes de su familia, había terminado su relación con un hombre maravilloso y ya no tenía nada. —Axel —Isabella entró en la habitación que compartían y corrió a abrazarla. —Hola —no deseaba ver a Bella en ese momento, se sentía demasiado molesta. Con algo de delicadeza la apartó de su lado y la hizo sentarse en la cama —¿Estás bien? —le preguntó, sentándose junto a ella. Axel solo asintió. No tenía ganas de hablar. —Lamento todo lo que hice. —Lo sé— Axel tomó su maleta y empezó a empacar varias cosas para llevarse a la mansión. — Ni siquiera sé que debo preguntarte... Me siento como el ser humano más estúpido sobre la faz de la tierra. —No me han hecho nada, si es eso lo que quieres saber — le dijo la verdad, no podía mortificarla hasta ese punto —. He llegado a una especie de acuerdo con Dominic Bryce. —¿Qué acuerdo? —Solo me acostare con él— le respondió con sequedad, pero evitando alzar la voz—. Dime que más decía ese contrato que firmaste. —Que estaría a disposición de ellos para actividades dentro y fuera de la mansión por tres meses. —¿Actividades? —preguntó ella confundida. —Alguna fiesta o reunión. Lo que fuera que ellos ocuparan compañía femenina— dijo su hermana en un susurro. —De acuerdo —cerró la maleta finalmente y se sentó a descansar un poco. —¿Estás molesta conmigo? —Sí, pero no por lo que tú crees. Te pusiste en grave peligro al acudir a esa gente. Te pudo pasar algo malo— murmuró Axel, apretando con fuerza los puños para no darle un buen golpe en la cabeza a su hermana—. ¿Cómo se supone que vivirías en ese lugar por tres meses y no nos daríamos cuenta de eso? —Perdóname —Isabella intentó tomarla de las manos, pero se arrepintió luego de ver su expresión. —Solo cuídate y cuida a mamá. Volveré pronto a casa ¿de acuerdo? Isabella asintió. —¿Qué paso con Kevin? Acaba de llegar y se ve terrible. —Ese hombre me obligo a terminar con él. —¿Qué? — gritó Isabella a los cuatro vientos —. No, Axel, yo le diré a mamá la verdad... —Tú te vas a quedar callada —tomó a Bella del ante brazo y la hizo sentarse nuevamente en la cama —. ¿Imaginas cómo se pondrá mamá si se entera de todo? No hace ni un año que sufrió el paro cardiaco ¿Y Billy? ¿Qué crees que hará él si se entera de todo este embrollo? —No es justo que por lo que yo hice pagues tú. —Eso ya no importa. Estoy tan metida en esto como tú, así que, voy a pasar esos tres meses ahí, todo acabará y volverá a ser como antes. Axel sabía que jamás volvería a ser como antes, pero tenía que repetirse eso en su cabeza para no desmoronarse. Tocaron la puerta de su cuarto y abrieron la puerta. Era su madre. —Amor, Kevin está esperando a que lleguen para que comamos. —No tengo hambre, ma. —Isabella, déjame a solas con tu hermana por favor. Isabella salió de la habitación prácticamente corriendo. —Dime que te pasa— le pidió su madre sentándose a la par de ella. —Mamá, perdóname... —¿Qué pasó, amor? No me asustes. —Me he enamorado de otra persona— murmuró se recostó sobre los regazos de su progenitora y de esta forma se sintió segura y de paso no la veía a la cara a la hora de soltar las mentiras. —¿Qué cosa? —Es un hombre... bueno, amable, me trata bien y me respeta mucho— dijo ella enumerando cada cosa que no era Dominic Bryce. —¿Es en serio? —su madre se tensó visiblemente ante su confesión. —No sé cómo pasó, mamá, pero te juro que no he hecho nada de lo que puedas estar preocupada— le murmuró. —Mi niña... Su madre la abrazo y la consoló. —¿Y este otro muchacho te corresponde? —Sí —no podía creer lo bien que le estaban saliendo las mentiras. Se asustaba hasta de sí misma. —¿Y supongo que ya hablaste con Kevin? Por esa cara que trae el pobre... —Mamá, no me hagas sentir más mal por favor —Lo lamento, cielo. —No quiero verlo, me da tanta vergüenza mamá. —No te preocupes— dijo su madre —. Hablare con él si quieres, ya que yo fui quien lo invitó, pero recuerda que debes enfrentar tus problemas de manera directa. —Disculpen. Axel se escondió detrás de su madre al ver a Kevin en la entrada de su habitación. —¿Podemos hablar un momento? — le pidió él. —Los dejare solos— dijo su madre abandonándola, luego de decirle que ella hablaría con él. "Mamá, no me dejes sola", rogó mentalmente. Axel se sentó bien en la cama y se hizo a un lado para que Kevin se sentara junto a ella. Ninguno de los dos digo nada al principio y fue él quien rompió el silencio. —¿Lo amas? —fue su primera pregunta. "No", pensó ella. —Si— mintió. —¿Desde hace cuánto lo conoces? —Por favor, no hagas esto— le suplicó ella. —Necesito saber que hice mal— dijo él sacándose el anillo de compromiso de la bolsa del pantalón. Axel soltó un sollozo y dejó que la culpa la venciera. —Kevin, mírame, tu no hiciste nada mal, te lo juro. Nada de esto es culpa tuya... Perdóname por favor— le suplicó ella. —Shhh, no te alteres, te hace daño— le pidió él mientras la abrazaba. Axel quería quedarse así para siempre, abrazada a Kevin y pensar que todo era un mal sueño y que pronto alguien iría a despertarla para seguir adelante con su vida. —Será mejor que me vaya —dijo él al cabo de un rato —. Axel, ahora mismo estoy muy herido no te lo negare, pero quien sabe si más adelante, cuando todo esto haya pasado y el dolor no sea tan grande, podamos vernos como amigos. Axel no respondió y el labio inferior le tembló. Se había prometido a si misma hacer lo mejor posible para conllevar una relación sana con Dominic, alias "el hombre de hielo" por su propio bien, pero ver lo miserable que eran ella y Kevin por su culpa le daban ganas de agarrarlo a golpes. Gritó y sofocó el sonido con la almohada. —Rose, vamos, tranquila. Billy la abrazó, dándole algo de consuelo. —Me voy a ir directo al infierno— le dijo entre sollozos. —¿Por enamorarte? No lo creo —su hermano le sonrió para darle algo de ánimos. Isabella entró a la habitación y fue a abrazarla. —Lo siento, lo siento— dijo entre lágrimas. Pasó el almuerzo junto a su familia y se preguntó, cuando volvería a verlos nuevamente después de ese día. —Ya me tengo que ir a la universidad — les dijo levantándose de la mesa y yendo por la maleta que había alistado. —¿Llevas tus medicamentos? —le preguntó Billy. —Sí, llevo todo. Los quiero mucho— dijo abrazándolos a los únicos tres integrantes de su clan. —Y nosotros a ti, enana— Billy las abrazó con demasiada fuerza. Tomó un taxi para ir a la universidad y esperó que, en su centro de estudios, al menos las cosas fueran mejores, pero ya le estaba pidiendo demasiado a la vida. Al final la tarde fue igual de malo que la mañana. Cuando al fin salió no se tomó el tiempo de quitarse el uniforme que había estado usando en el laboratorio y salió con toda la indumentaria puesta, igual debía lavarlo. Estaba a punto de subirse a un autobús cuando el auto n***o de Thomas apareció frente a ella. —Hola, Axel —le saludó, luego de que le ayudara a meter la maleta que llevaba dentro del auto. —Hola —no tenía más ánimos de siquiera fingir que estaba bien. —¿Mal día? —le preguntó él mientras arrancaba. —Pésimo —se limitó a decir. —Lo siento. Condujo rápido a la mansión y Axel lo agradeció porque estaba teniendo un terrible dolor de cabeza. Cuando bajó fue directo a la cocina para tomar agua y beberse su medicamento. —¿Qué es eso? —Claire tomó uno de los frascos donde estaba su tratamiento y lo examinó sin comprender para qué eran. —Es mi medicamento. Desde que tengo uso de razón he tenido convulsiones, necesito esto para mantenerlas a raya. — Son demasiados medicamentos para alguien de tu contextura. ¿Suele pasarte muy seguido? —No mucho en realidad. La última vez que tuve una fue el día de la muerte de mi padre, eso fue hace ya seis meses atrás. —Lo lamento muchísimo. —Gracias. —¿Quieres comer? Axel asintió con la cabeza. —Por cierto, me gusta tu uniforme —le dijo señalando su pantalón y camisa celeste con gris. —Es el uniforme de los principiantes —sonrió finalmente por primera vez en todo el día—. En unos años más tendré el blanco reluciente. —¿Medicina? —Claire continuó con la charla mientras le servía un plato con carne, verduras y alubias. —Enfermería. Gracias está delicioso —le dijo cuándo le dio el primer bocado. —Tienes que decirle a Dominic de tu condición médica —le sugirió ella. —Con él sería la última persona que yo hablaría de esto. —¿Hablar de qué? Con solo escuchar su voz, sus terminales nerviosas se pusieron alerta. Dominic caminó hasta donde ella estaba y se sentó en la silla contigua a la suya. Andaba unos jeans azules y una camiseta tipo polo color blanca, similar a la que ella se había puesto la noche anterior para dormir. Se veía como un muchacho cualquiera, despreocupado. —¿Qué tal te fue en el trabajo, cariño? —preguntó entonces, mostrándole una muy reluciente sonrisa. —¿Qué? ¿Me está hablando a mí? —tal vez alguien más estaba en la cocina con ellos y ella no se había percatado —Sino a quien más —él no quitaba esa expresión sonriente de su rostro. Daba más miedo cuando sonreía que cuando estaba molesto. —No me diga así, por favor —no quiera que él la tratara de esa forma, como si fuesen cercanos. —Le prometí a Claire ser una mejor persona contigo —dijo con aire de inocencia. Claire asintió con alegría al escuchar eso. —Créame que no me ofenderé en lo absoluto si me llama simplemente Axel. El dolor de cabeza se le estaba haciendo más intenso y se estaba empezando a marear. Sentía unos calambres en los pies y sabía lo que eso significaba y no podía creer que le estaba pasando justo delante de ese hombre. Comenzó a ver manchas por todos lados y la vista estaba un poco borrosa. —Gracias, Claire, estaba delicioso— dijo ella levantándose de la mesa. Comenzó a hiperventilar de forma más notoria a pesar de hacer hasta lo imposible por parecer normal. —Axel, ¿Estás bien? —escuchó la voz de Claire, pero ya no la veía con claridad. —Solo... solo necesito... espacio —se masajeó la sien para intentar relajarse, pero fue inútil. —¿Tendrás un ataque? —por su tono de voz supo que estaba asustada. —Solo déjenme sola —les pidió a los dos a pesar de no identificar donde se encontraban. No podía ver a Dominic ni a Claire así que no sabía a qué le estaba hablando. —Dominic agárrala, se va a lastimar... —No, no, no, déjenme en el suelo. Necesito espacio —balbuceó ella al tiempo que perdía el conocimiento.
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